

La historia se repite con la quema y prohibición de libros y los mismos estadounidenses que reprocharon a los nazis sus actos, los copiaron después
Una década después, en mayo de 1943, en Estados Unidos se marcaba aquella quema de libros alemana como un ataque a la libertad de expresión. Un ataque a la libertad, en general, y un ataque al propio pensamiento. Un eslogan de aquellos días en el país norteamericano era: Nosotros no quemamos libros, construimos bibliotecas.
Frank Capra, el director de ¡Qué bello es vivir! o Arsénico por compasión, dirigió en 1942 une película de propaganda militar estadounidense. Se titulaba Why we fight Prelude to war ( Por qué luchamos Preludio a la guerra). En ella se decía que la libertad de leer los libros que uno quisiera era uno de los derechos atacados por los alemanes y una de las razones por las que Estados Unidos estaba en la guerra.
Siguiendo con el mundo del cine, en 1960 se estrenó la magnífica Espartaco, dirigida por Stanley Kubrick y basada en una novela de Howard Fast. El escritor, nacido en Nueva York en 1914, era comunista y por ese motivo fue procesado por el Comité de Actividades Antiamericanas. Fast acabó preso y los norteamericanos quizás no quemaban libros, pero los prohibían y los apartaban de la circulación, que, en definitiva, es lo mismo.
Fuente: CURISTORIA