

La catedral de estilo gótico temprano de Chartres es una de las obras arquitectónicas más colosales e impresionantes del mundo: 130 metros de largo, 46 de ancho, más de 36 de alto y, las torres, más de 100 metros de altura. La confección de las 173 gigantescas vidrieras que conforman una Biblia ilustrada llevó 30 años. El nombre del arquitecto ha caído en el olvido, pero, sin duda, era un maestro en su profesión. Renunció al uso de muros de sustentación y los remplazó por los arcos ojivales sobre los que descansa toda la fantástica construcción.
Chartres está a tan sólo 90 km de París, en una fértil llanura a orillas del Eure que ha vivido desde siempre de la agricultura.
En medio de la población se alza una colina con una iglesia que parece vigilar la ciudad como una gallina clueca desde hace más de 1.500 años. También hay un dolmen de la misma época en que fue construido Stonehenge. Se supone que marca uno de los puntos energéticos más importantes de la Tierra.
Sea como sea, tanto el dolmen como un pozo adyacente han sido venerados desde tiempos inmemoriales como lugar sagrado. Cuenta la leyenda que un druida predijo con cien años de antelación el nacimiento de Cristo de una mujer virgen. Por eso este lugar fue consagrado a ella ya antes del cristianismo, y se empezó a venerar a una Virgen negra. Los druidas celtas tallaron una pequeña imagen de la Virgen y el Niño en un tronco de peral. La llamaron la Virgen Subterránea porque la guardaban en una gruta.
Enigmas de la Humanidad – H. Genzmer / U. Hellenbrand