

El artista, el creador…
Cuando va a crear, el artista, como el científico, no dispone sino de su pensamiento, no tiene otra decisión que la de realizar su obra, ni otro recurso que no sea el trabajo. Trabajo, trabajo y más trabajo.
Para escribir hay que sentarse a escribir.
Estar dispuesto a emborronar papeles y papeles y a repetir lo ya escrito una y otra vez. Una hora y otra hora. Un día y otro día. Y así hasta terminar.
El creador de hoy es un hombre normal. Que se angustia, sufre, goza y disfruta. Que ve la televisión en su casa, va al cine durante la semana, escucha la radio mientras maneja su automóvil, le gusta nadar en playas y piscinas o se entretiene con uno de esos juegos que se organizan alrededor de una pelota. Es un hombre que sonríe como todo el mundo. Y que se emociona como todo el mundo.
Que es empujado como un artista cualquiera cuando se trata de contemplar con calma los ojos de Monna Lisa, y se extasía reverente ante la blancura infinita del Tach Mahal en una noche de luna.
Es un hombre de su tiempo que hace lo que hace todo el mundo.
De aquí la pregunta de Picasso: “¿Qué creen ustedes que es un artista?, ¿un imbécil que sólo tiene ojos si es pintor, orejas si es músico, o una lira en todos los recovecos del corazón si es poeta, o inclusive, si es boxeador, sólo músculos? Muy al contrario, es al mismo tiempo un ser político, constantemente despierto ante los desgarradores, ardientes o dulces sucesos del mundo…” Por lo general la pasión acompaña al hombre creador.
Fuente – La Revolución de la Inteligencia Luis A. Machado