

Hipnosis
Durante mucho tiempo la hipnosis, antiguamente explicada como «magnetismo», tuvo fama de ser algo sobrenatural e impresionaba a la gente supersticiosa. La hipnosis consiste en cambiar el estado de conciencia de un paciente. ¿Hasta qué punto es capaz un hipnotizador hábil de influir en el estado mental y corporal de una persona? ¿Se dan durante la hipnosis procesos psíquicos especiales? ¿Es la persona que está en trance un juguete sin voluntad? Lo que generaron preguntas como éstas fue la concepción de que la hipnosis estaba en el terreno de lo sobrenatural.
Hace unos 200 años que la hipnosis se somete a exhaustivas investigaciones científicas, y fue a mediados del siglo XIX cuando el médico inglés James Braid (1795-1860) introdujo el concepto. Pero el estudio científico decisivo de este fenómeno, es decir, de la forma de predisponer a la persona en cuestión o paciente a determinadas influencias, se desarrolló entre los años 1850 y 1980. Entre esas influencias se cuentan la concentración y recuerdo limitado, la sugesión de determinadas ideas, reacciones y sensaciones, así como también cambios corporales.
Las «órdenes posthipnóticas» son aquellos mandatos dados durante la hipnosis que fluirán desde el inconsciente para hacer que el paciente los obedezca cuando se haya despertado. La persona cree estar actuando por iniciativa propia.
Es totalmente erróneo suponer que durante la hipnosis transcurran procesos síquicos especiales: la hipnosis es una forma extrema de sugestión.
Con el descubrimiento de las conexiones entre el sistema nervioso y el inmunológico y de su importancia para la salud, la hipnosis ha alcanzado una nueva dimensión en el tratamiento de ciertas enfermedades y dependencias (de la nicotina, las drogas, el alcohol). Pero la investigación clásica de la hipnosis demuestra que diferentes individuos reaccionan de manera distinta a la hipnosis. Hay gente que incluso no reacciona de ninguna manera.
Enigmas de la Humanidad – H. Genzmer / U. Hellenbrand