Deporte. La maternidad e igualdad de oportunidades

   Desde la antigüedad hemos visto como el deporte y la práctica deportiva fueron creadas por hombres y destinadas a los hombres. Prácticamente hasta principios del siglo XX, las mujeres no eran bienvenidas, ni siquiera como espectadoras, en el escenario deportivo, fuera cual fuese la especialidad practicada.

   El paso del tiempo ha hecho que la brecha de desigualdad se estreche y, en la actualidad, sería políticamente incorrecto que se restringiera la igualdad de oportunidades en el terreno deportivo. Sin embargo, hay un ámbito en el que sigue dándose no solo una falta de equidad sino una discriminación directa hacia la mujer deportista: el de la maternidad. La sociedad piensa en igualdad de género y de oportunidades cuando se refiere a los aspectos materiales —como la diferencia entre salarios y premios por los éxitos obtenidos—, pero el tema de la maternidad en las mujeres deportistas es un asunto que solo ha empezado a plantearse y debatirse en los últimos años.

   Cuando un tenista sufre una lesión que le impide jugar durante semanas, el organismo regulador, la ATP o la WTA mantiene el puesto del deportista en el ranquin durante meses y ese fue el tratamiento que recibió el embarazo de Serena Williams ya que, en pleno siglo XXI, no existía una legislación laboral que cubriera las contingencias del embarazo, el parto y el puerperio.

    Grandes multinacionales lanzan campañas de apoyo al deporte femenino en las que reconocen el esfuerzo y la dedicación, y exaltan los valores del deporte practicado por mujeres mientras, en un ejercicio de cinismo e hipocresía, rescinden el contrato a esas mismas deportistas cuando se quedan embarazadas. En algunos casos, llegado el momento, se ha resuelto falsamente el contrato que les unía argumentando un común acuerdo que, en realidad, no existió; lo que ocurrió fue que la deportista deseaba formar una familia y eso era incompatible con la imagen de la marca patrocinadora, así que esta prescindió de sus servicios.

   El único aspecto destacable es la valoración positiva y el refuerzo de la imagen de la deportista que, después del embarazo y el parto, regresa a la élite. Las mujeres aprecian mejor que los hombres la complicación inherente al trabajo físico y emocional que la deportista ha debido hacer para compensar el proceso biológico que supone la maternidad.

Fuente: Más que olímpicas

  

  

  

  

  

  

  

  

    

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