

El Unicornio
El unicornio es otra criatura mítica, un caballo con un cuerno en espiral en medio de la frente. San Ambrosio lo interpretó como símbolo de Cristo. Desde la antigüedad y en las culturas más diversas se atribuyen a ese cuerno cualidades mágicas. Los amuletos hechos con cuernos desempeñan un papel muy importante en la medicina popular y la superstición.
Al nacer, el unicornio puede no tener todavía el cuerno o tenerlo muy pequeño: va creciendo a medida que transcurre su vida. Un cuerno roto necesita diez años para volver a crecer. Llega un día en que el unicornio abandona el bosque de su madre y busca uno propio donde vivir. Algunas fuentes le atribuyen la vida eterna, otras, una vida muy larga. Los unicornios esquivan al hombre, porque los cazan para poseer su cuerno. Estos seres fantásticos son visibles únicamente para las personas que creen en ellos. Las demás ven en ellos simples caballos. Sólo las vírgenes pueden apaciguar la naturaleza salvaje de los unicornios, que posan la cabeza en su regazo y se duermen. Muchas veces esa confianza se aprovecha para cazarlo: la virgen espera a que la criatura se quede dormida y entonces llegan los cazadores.
Como hemos dicho, nuestros antepasados fueron encontrando huesos de muchos tipos que no podían clasificar porque eran demasiado grandes o de formas que no se correspondían con animales conocidos, y ésa debió de ser la base de muchas historias. Probablemente fue así como nació la leyenda del unicornio, a cuyo cuerno molido se atribuyen poderes curativos y fuerzas milagrosas: se debieron de encontrar en las playas unos objetos que visualmente podían corresponder con el aspecto de un cuerno de unicornio. En realidad, se trataba de colmillos de narvales macho arrastrados por el mar.
Algunos criptozoólogos consideran al Procamptoceras brivatense, extinguido hace un millón de años, el antepasado real del unicornio. Era una especie de antílope con dos cuernos situados muy cerca el uno del otro que bien podían pasar por uno.
Enigmas de la Humanidad – H. Genzmer / U. Hellenbrand