

Personajes que irradian luz
Muchas imágenes de santos se caracterizan por representar el carácter singular de una persona determinada mediante una aureola o nimbo, es decir, un círculo luminoso alrededor de la cabeza, o una aura o mandorla, o sea, una luz que rodea todo el cuerpo del santo. El término «iluminación» pasó asimismo a formar parte del lenguaje corriente. Sin embargo, desde hace unas décadas se estudian los casos de algunas personas de las que realmente emana una luz.
La asmática Anna Monaro devino una auténtica celebridad en los círculos médicos en 1934. La mujer había sido examinada por diversos especialistas, pero ninguno había sido capaz de averiguar por qué, cuando sufría un ataque de asma nocturno, de su pecho emanaba una luz, a veces con un resplandor azul y otras, rojo o verde. A decir verdad, al principio la mujer y los médicos fueron acusados de engaño, pero otros informes posteriores, e incluso filmaciones, demostraron que no se trataba en absoluto de alucinaciones ni manipulación. De hecho, hubo intentos de explicar el fenómeno, pero la revisión de las diversas teorías no arrojó ningún resultado satisfactorio. Hubo un psicólogo que defendía la presencia de organismos eléctricos y magnéticos indefinidos en el cuerpo de la mujer, mientras que un médico general se mostró partidario de una alta concentración de sulfuros en la sangre condicionada por el estado de debilidad de la mujer. Esos sulfuros habrían empezado a brillar debido a la radiación ultravioleta. Esta teoría fue largamente discutida, hasta que un médico acabó por rebatirla argumentando que el brillo emanaba sólo del pecho de la mujer y que los sulfuros tenían que estar repartidos por todo el cuerpo.
A partir de la década de 1940 se empezó a recopilar toda la información disponible acerca de la luminosidad humana. De ella se desprendió que el fenómeno afecta principalmente a dos grupos de personas: los enfermos y los muy devotos.
Se hallaron relatos sobre heridas o difuntos luminosos de los que emanaba un tenue resplandor. La ciencia médica es testigo de la existencia de fluidos corporales humanos luminosos, como el sudor o la orina.
Enigmas de la Humanidad – H. Genzmer / U. Hellenbrand