Más que Olímpicas

    A imagen de los juegos de la antigua Grecia —en los que la presencia de las mujeres estaba prohibida–, los primeros tiempos del olimpismo moderno fueron totalmente excluyentes para la mujer. Solo hace falta recordar que, en su primera edición de 1896, en Atenas, no se contempló la participación de las mujeres y por ello a la joven griega Stamata Revithi se le impidió competir en la maratón en la que quería participar, a fin de demostrar que una mujer también podía completarla. A primera hora del día siguiente, con un documento firmado por el alcalde de la Maratón en el que se especificaba su hora de salida, hizo el recorrido en solitario, presentándose a las puertas del estadio Panathinaikó tras haber recorrido los cuarenta y dos kilómetros en poco más de cinco horas y media. No se le permitió la entrada ni se expidió documento alguno que lo acreditara. Tuvieron que pasar noventa años para que las mujeres disputaran su primera maratón olímpica durante los juegos celebrados en Los Ángeles 1984.

    En su concepción del olimpismo moderno, Pierre de Coubertin consideraba que la actividad deportiva no era práctica ni estética para la mujer, a la que reservaba un papel meramente contemplativo y adulador de la excelencia de los deportistas masculinos. No es de extrañar, pues, que este concepto de clara misoginia, secundado por los primeros miembros del COI, limitara a la mínima expresión la presencia femenina en los juegos. De hecho, en las confusas primeras ediciones, la presencia de estas se limitó testimonialmente a deportes de marcado acento aristocrático o burgués, como el tiro con arco, el golf, el tenis o, en contadas excepciones, la vela.

    En consecuencia, y en una etapa llena de reivindicaciones por parte de las mujeres como fue la década de 1920, no tardó en surgir un movimiento que, liderado por la francesa Alice Milliat, impulsó la creación de una Federación Internacional Deportiva Femenina (originalmente FSFI siglas en francés) que, tras la negativa del COI a incluir pruebas femeninas de atletismo en los juegos de Amberes 1920, organizó en 1922, en el Pershing Stadium de París, la primera edición de la llamada Olimpiada femenina que fue seguida por miles de personas. Su éxito incomodó al COI que, ante la posibilidad de que la iniciativa se consolidara, cedió, abriendo la puerta a la presencia femenina en un número limitado de pruebas atléticas en los juegos de Ámsterdam 1928.

Fuente: Más que Olímpicas

RESPUESTA ACERTIJO: Roberto tiene un negocio de venta de trofeos.

  

  

  

  

  

  

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