

Origen y Evolución de los Saltos Atléticos: SALTO LARGO
El salto simple en longitud es una de las expresiones naturales que se manifiesta en forma espontánea en los primeros años de vida del ser humano y que en la vida diaria es utilizado para superar pequeñas distancias, por ejemplo, charcos de agua, angostos canales u otras situaciones similares. Sus orígenes como prueba atlética de competencia se remontan a la cultura helénica, que incluyó ésta especialidad como uno de los cinco componentes del Pentatlón que se disputó en los Juegos Olímpicos de la Era Antigua celebrados el año 708 AC, prueba combinada que además incluía el Dromo o Estadio como carrera de velocidad, los lanzamientos del disco y de la jabalina, para finalizar con la Lucha o Pancracio. Los primeros atletas griegos portaban pequeños pesos en sus manos, “halteras”, en la carrera de impulso que realizaban sobre tierra apisonada, de los que se desprendían en la fase aérea del salto. Años más tarde, esta prueba se constituyó en una especialidad propia y se declaraba ganador al atleta que alcanzaba mayor distancia en la suma de sus tres intentos. Con esta modalidad de competencia, el año 668 AC, Quionis de Esparta, habría alcanzado una distancia de 16,66 metros, los que se consideran que serían el producto de la suma de sus tres intentos.
Con el objeto de establecer una zona límite de despegue del salto, pero a la vez ofrecer al atleta un lugar sólido para impulsarse, en 1886, en los Estados Unidos de Norteamérica, se incorpora el uso de la tabla de rechazo en el salto largo, lo que contribuye a un importante mejoramiento de los rendimientos de esta prueba.
La técnica de salto en longitud más frecuentemente utilizada hasta comienzos del siglo XX fue la denominada “salto agrupado”, la que se caracteriza por llevar las piernas muy flexionadas hacia el tronco durante la fase de suspensión, para extenderlas al frente al momento de la caída. Otra técnica de salto utilizada durante la misma época consistió en extender el tronco durante la fase de suspensión, llevando los brazos al vuelo y dejando las piernas naturalmente colgadas. Esta técnica recibió el nombre de “hang style”, que hoy más se conoce con el nombre de “colgado” o “en extensión”.
Posteriormente, y cuando los rendimientos fueron alcanzando mayores distancias, surgió una nueva técnica de salto consistente en realizar el gesto de caminar durante la fase de suspensión; primero la técnica de “dos pasos y medio” y más adelante la técnica de “tres pasos y medio”.
En los I Juegos Olímpicos de la Era Moderna – Atenas 1896 – se realiza la prueba de salto largo masculino. El ganador en esta primera versión olímpica moderna fue el atleta estadounidense Ellery Clark con un registro de 6,35 metros. El salto largo femenino se incorpora al programa atlético olímpico recién en los Juegos celebrados en Londres en el año 1948.
Ganadora de esta prueba fue la atleta húngara Olga Gyarmati con 5,69 metros. En los I JJ.OO. también se incluyó el salto largo sin carrera previa o más conocido como “salto largo sin impulso o a pies juntos, la que posteriormente fue suprimida del programa olímpico. La mejor marca olímpica registrada correspondió al atleta Ray Ewry de USA con 3,476 metros logrados en los Juegos de San Louis 1904.
En los Juegos Olímpicos celebrados en Ciudad de México, año 1968, primeros realizados en una ciudad de altura (2,460 m sobre el nivel de mar), el atleta estadounidense Robert “Bob” Beamon estableció un nuevo registro mundial para esta especialidad con 8,90 metros, cuando el record mundial vigente alcanzaba sólo a 8,35 metros.
La hazaña olímpica de Beamon en salto largo motivó a entrenadores y científicos a crear y ensayar nuevas formas de ejecución técnica en el salto largo. Es así como el entrenador Thomas Ecker propone una nueva técnica, la que es llevada a la práctica por el atleta norteamericano Jene Dave Nielsen. Esta consistió en ejecutar una voltereta durante la fase de suspensión (salto mortal), técnica que fue prohibida por la IAAF en el Congreso de Roma del año 74, por la peligrosidad que representaba para sus ejecutantes.
El récord mundial masculino vigente se encuentra en poder de Mike Powell de USA con 8,95 metros, establecido el 30 de agosto de 1991 en Tokyo, y el femenino de, 7,52 metros, aún pertenece a Galina Chistyakova de la ex Unión Soviética, registro logrado el 11 de junio de 1988 en Leningrado.
Referencias: – Le Floc´hmoan, J. (1965). “La génesis de los deportes”. Editorial Labor S.A. Barcelona. – Quercetani, R. (1992). “Historia del atletismo mundial 1860-1991”. Editorial Debate. Madrid.