

Competición… con petire
Es importante resaltar que el origen de la palabra competición son dos vocablos latinos: con petire, que significan «buscar juntos», «perseguir juntos» o «esforzarse juntos». Abogamos por la idea de que el deporte puede ser un diálogo fructífero y enriquecedor. La mejor manera de conocer nuestro nivel deportivo es comparándonos con otra persona, midiéndonos con buenos adversarios. Preferimos pensar que no competimos contra alguien, sino con otras personas. Para expresar esta condición, Bouet utilizará la fórmula «con-contra». De este modo, el deporte puede ser una actividad conjunta, complementaria y cooperativa, una praxis moralmente constructiva.
Deberíamos ver a nuestro contrincante como un aliado indispensable para completarnos y desarrollarnos, como un estímulo que nos empuja a mejorar. El entrenador de baloncesto Phil Jackson acostumbraba a decir que deberíamos amar al rival como a nosotros mismos, pues cada deportista es el resultado de su confrontación con el adversario.
Compitiendo con los mejores oponentes nos esmeramos al máximo para extraer lo mejor de nosotros mismos. Cada partido nos da la oportunidad de medirnos con nuestro propio potencial. Coca escribe: Los oponentes presionan, contrastan, a sus contrarios, hasta el límite de sus posibilidades. El resultado que emerge de esta determinación bifronte… demuestra el valor contrastado de los gestos deportivos.
Se equivocan quienes identifican ganar con aplastar al rival. Lo más relevante es ser capaces de mejorar como deportistas y como personas. Sería deseable desprendernos de la mentalidad resultadista, que prioriza el resultado en detrimento del proceso del juego. La auténtica victoria consiste en jugar bien. Ganar no es un signo único de éxito; perder no equivale necesariamente a fracasar. No todo el mundo puede ganar, pero cada competidor puede cumplir bien el reto fijado por su contrincante, aunque uno gane y el otro pierda. Perder no es un demérito si se ha luchado noblemente.
Fuente: Ética del deporte – Guillem Turró