

El significado de Stonehenge no es lo único que trae de cabeza a científicos de todo el mundo. Otro enigma sin resolver es, sobre todo, la procedencia de las piedras empleadas en su construcción. Hasta la fecha sólo se ha podido desvelar la procedencia de los sillares del círculo interior. Al parecer, provienen de una pequeña cantera del sudoeste de Gales, lo que significa que fueron transportados desde una distancia de unos 300 km. ¿Cómo pudo ser con las condiciones de transporte de aquel entonces?
En 2001 se llevó a cabo un experimento consistente en transportar una piedra del tamaño de las de Stonehenge desde Gales a lo largo del supuesto trayecto. Un contingente de voluntarios la arrastraron por el suelo sobre un trineo de madera. Pudieron hacerlo porque existen métodos para desplazar bloques gigantescos de piedra con ayuda de cuerdas y palos. Sin embargo, luego hubo que embarcarla en una reproducción de una nave de las que se utilizaban en aquella época, y se hundió a causa del oleaje. El arqueólogo inglés Aubrey Burl propuso la teoría alternativa de que las piedras podrían haber sido transportadas a su lugar de destino arrastradas por los glaciares.
Los arqueólogos han calculado cuánta mano de obra y cuánto tiempo fueron necesarios para la construcción de Stonehenge. Entre todas las fases de su creación, hubo que invertir varios millones de horas. La primera precisó unas 11.000 horas de trabajo, la segunda, 360.000, y los distintos períodos de la tercera fase alrededor de 1,7 millones de horas en total. Para el conformado de las piedras se calculan unos 20 millones de horas, sobre todo teniendo en cuenta las herramientas al uso en aquella época. Por consiguiente, el deseo de construir este lugar tuvo que ser muy fuerte. La organización de las obras debió de ser perfecta. Además, los impulsores del proyecto tuvieron que ser muy ricos, porque debían alimentar a varios miles de peones que, a su vez, no tenían tiempo de procurarse alimento. ¿Quién podría haber organizado una empresa tan colosal?
Enigmas de la Humanidad – H. Genzmer / U. Hellenbrand