

Cuando un hombre se muere -vecino- lo van quemando de a poco, se va para adelante enfilado como una lanza a sentarse en la gloria. Su estirpe da tiraje a la chimenea.
Sube un punto la viuda, el otro, el que sigue: usan su navaja, lloran su fotografía distribuyen su recuerdo repartiéndolo a domicilio.
Un muerto es un muerto como quien dice un pan de Dios alguien que ya no lastima en su tránsito dichoso.
Pero antes de entrar en el patio de los callados con gran pompa y sin perder el compás mucho antes de eso ya se ha ido de a poco todos los días, un gramo, cada hora, una sombra.