El Neandertal

    En 1650, una familia alemana de apellido Neumann dio a luz quien a la postre sería su representante más ilustre, el compositor Joachim Neander. Su abuelo, un músico, había cambiado el apellido de la familia a su versión griega, algo de moda entre los cultores de la cultura clásica de aquellos años. Por Neander respondían ahora. Joachim solía buscar inspiración para sus poemas en un valle del río Düssel. Y cuando murió, lo nombraron Valle de Neander en su honor, o en alemán Neandertal. En 1856, un singular esqueleto fue descubierto en el lugar, y la especie así fue llamada. La ironía es que el nombre de tan vetusto homínido proviene de la traducción al griego de Neumann, que significa «hombre nuevo».

    Los neandertales eran muy similares a los humanos modernos, al punto que nuestro ADN difería en tan solo un 0,12%. Pese a ello, se trataban de una especie distinta, que coexistió —y probablemente compitió— durante miles de años con la nuestra. Cocinaban, enterraban a sus muertos y puede que hasta hayan adornado sus cuerpos, pero aun así estaban un par de peldaños detrás de sus colegas humanos. Con su contextura gruesa y su cráneo plano y alargado no les hubiesen parecido muy guapos a nuestros antecesores, pero pese a ello se reprodujeron con ellos ocasionalmente. De hecho, en torno al 2% de nuestro genoma nos ha sido heredado de los neandertales. En vista de su desmedida fuerza física, sin embargo, no podemos estar seguros de que siempre haya primado el mutuo consentimiento.

    Pero estos «hombres nuevos» se extinguieron hace cerca de 30 mil años. Una de las teorías de su extinción es que el hombre moderno, una vez arribado al hábitat que los neandertales ya habían hecho suyo hace miles de años (aquel intruso antes conocido como «hombre de Cro-Magnon»), ejerció una competencia despiadada contra la cual no pudieron competir. Lo complejo de esta versión es que se basa en la inteligencia superior de nuestra especie, pero el cerebro del Neandertal era mayor al del ser humano moderno (y casos como un censo en Nueva Zelanda en que la segunda religión mayoritaria declarada fue «Caballero Jedi», tampoco ayudan a defender la hipótesis de nuestra supremacía mental.

Fuente: Historia Universal Freak

  

  

  

  

  

  

    

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