El concepto de ocio se comprende mejor si se define en contraposición con la idea de “trabajo”. Para DeGrazia (1962) el ocio es “una situación en la que la actividad se desarrolla desinteresadamente y sin más finalidad que la de su propio desarrollo”. El trabajo es justamente lo que no es el ocio; es decir, se cumple con objeto de producir o realizar algo nuevo.

Trabajo y ocio son antónimos. Sin embargo, la distinción entre esos dos tipos de actividad puede que en otros ambientes culturales quizás no sea tan clara como en el Oeste industrializado. Sabemos, de hecho, que en muchas sociedades arcaicas la vida transcurría de acuerdo con un ritmo continuo de actividad en el que trabajo y ocio se confundían en una misma cotidianidad, tal como han podido observar los antropólogos en los pocos pueblos primitivos que aún subsisten en el mundo. Observaciones que contradicen las ideas anteriores, según las cuales las sociedades cazadoras-recolectoras están abrumadas por la dureza de la existencia y la amenaza de la próxima hambruna.

    En un estudio célebre sobre las actividades subsistenciales de los bosquimanos kung del desierto de Kalahari, el antropólogo Richard Lee (1968) afirma que la vida de un grupo cazador-recolector no es necesariamente “una lucha dura y precaria por la supervivencia”, sino que la cantidad de recursos alimentarios a disposición de los bosquimanos se establece sobre una base diaria y anual, incluso durante los años de mayor sequía y en las zonas más pobres del desierto. La abundancia en todo momento de esos recursos, sobre todo de las semillas de mongongo, acorta el tiempo de las tareas de recolección. Según Lee, los hombres “dedicaban un máximo de 32 horas semanales” a la caza y a la recolección. Los hombres, a quienes compete la caza en exclusividad, suelen “trabajar” más y con mayor frecuencia que las mujeres, y sus horarios, calculados sobre una base semanal, pueden variar del simple al doble. La jornada laboral de la mujer es prácticamente uniforme.

    En una jornada una mujer recolecta suficiente comida para la alimentación de toda la familia durante tres días; el tiempo restante descansa, borda, teje, visita y recibe amistades de otros campamentos. De cada día pasado en el campamento dedica de 1-3 horas en trabajos domésticos: cocina, limpieza, partir semillas, recoger leña, buscar agua. Esta alternancia de trabajo y ocio se mantiene a lo largo de todo el año.

Fuente: Antropología del Deporte – Kendall Blanchard

  

  

  

  

  

  

    

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