

En la historia se dan cada vez más casos de personas que desaparecen de golpe y reaparecen en otro lugar. Hay investigadores que hablan de la existencia de dimensiones temporales paralelas; dicen que el pasado, el presente y el futuro transcurren paralelamente, y que sería posible ir desplazándose a través de los agujeros de ese continuo de tiempo-espacio entre los diferentes lugares y tiempos. Pero, ¿existen los viajes controlados por el tiempo? ¿Podría ser realidad el sueño de H. G. Wells de una máquina del tiempo?
* El soldado de Manila. En 1953 soldados de México D. F. vieron a un centinela que iba vestido con un uniforme totalmente diferente al que ellos llevaban. Se le preguntó por lo que hacía, y el hombre respondió que obedecía órdenes y que estaba vigilando el palacio del gobernador de Manila. Dijo que ya se había dado cuenta de que en ese momento no estaba ante el palacio, pero una orden es una orden, y él tenía que cumplir con su deber. Manila está a unos 18.000 km de Ciudad de México. Tomaron al soldado por enfermo mental y lo encerraron en la cárcel. Dos meses más tarde llegó la noticia a México de que el gobernador de Manila había sufrido un atentado exactamente la misma noche de la aparición del misterioso soldado. Mientras tanto en Manila se le buscaba desesperadamente, porque había desaparecido sin dejar huella y se le relacionaba con el atentado. Como el soldado hablaba español, no hubo problemas de comunicación, aunque tuviera un acento raro para los mexicanos.
* El diplomático Benjamin Bathurst. En 1809 Benjamin Bathurst viajó en una importante misión diplomática de Viena a Londres. En una parada durante el viaje desapareció en un abrir y cerrar de ojos y nunca más lo volvieron a ver. Los ingleses culpaban a los franceses de haberlo secuestrado, pero ellos juraban no saber nada. El señor Bathurst siguió sin aparecer.
* El juez August Peck. En septiembre de 1880 el juez August Peck de Gallatin, Montana, Estados Unidos, hizo una visita a su amigo David Lang. Varios testigos lo vieron pasar por un campo y desaparecer de repente sin dejar huella. La gente creía que se habría caído en un hoyo, pero ni la policía ni los bomberos encontraron el mínimo rastro del juez. Hoy en día sigue sin saberse nada del paradero del juez Agust Peck.
Enigmas de la Humanidad – H. Genzmer / U. Hellenbrand