

El amor como enfermedad es una constante en los textos literarios de la época. Lucrecio, en el De Rerum Natura, dedica el libro IV al tema del amor, y lo considera una enfermedad muy peligrosa para el equilibrio mental del ser humano.
Garcilaso de la Vega describe la enfermedad del amor como una condición que puede llevar a la locura y a la muerte. En su soneto XIV explica cómo su pasión amorosa le ha arrastrado a la desesperación, donde no puede encontrar descanso ni paz.
La enfermedad se constata en personajes conocidos de la literatura. El Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita evidencia la lucha entre el espíritu cristiano del amor de Dios y el “amor loco” que consume al amante.
En El Corbacho del Arcipreste de Talavera se describe el “loco amor” como la causa directa de la enajenación mental e incluso de la muerte.
En la Cárcel de Amor de Diego de San Pedro el protagonista, Leriano, es un ejemplo de la “enfermedad del amor”. Sufre una profunda pasión amorosa por Laureola y por ello pierde el apetito y el sueño, hasta llegar al borde de la muerte.
En La Celestina, Calisto, enfermo de amor, manifiesta un deseo sexual desmedido que lo lleva a la locura amorosa. Hasta el Don Quijote de Miguel de Cervantes busca como fin último que su amada Dulcinea conozca el alcance de su pasión.
También el protagonista Tirant, en el Tirant lo Blanch de Joanot Martorell, padecía el “mal de amar”. Mientras sufría por Carmesina, presentaba falta de apetito, insomnio, llanto y suspiros. Igualmente, en el Espill de Jaume Roig, el sabio Salomón diagnosticaba en sueños al protagonista el amor hereos a causa de una desmedida pasión amorosa.
* ¿Tenía curación la enfermedad del amor? La curación de la enfermedad incluía una doble recomendación: dieta y disciplina moral. La dieta preceptiva consistía en evitar beber vino, carne roja, leche, huevos, legumbres y alimentos de color rojo.
La razón de prohibir estos alimentos era que incitaban el movimiento de la sangre y el deseo sexual. El enfermo de amor debía comer carne blanca, pescado, y beber agua o vinagre. También era necesario sudar y tomar un baño antes de comer.
Además de la dieta, se recomendaba dominar los impulsos carnales para someter la voluntad: meter una plancha de hierro frío sobre los riñones –órgano en el que se consideraba que residía el deseo–, dormir en una almohada con ortigas, bañarse en agua fría, etc.
Con todo este programa de tratamiento del amor como enfermedad se concluía que la causa principal de todos los males era dejarse llevar por los instintos carnales.
Una vida virtuosa, alejada de la pasión desmedida, permitía conseguir la armonía entre cuerpo y alma.
Después de todo, el amor hereos podía ocasionar la muerte física y, aún peor, la condena del alma.
Fuente: BBC NEWS