Se han hecho grandes progresos en la lucha por la igualdad de género en el deporte, pero los éxitos de las deportistas siguen siendo tratados por los medios de comunicación con un criterio muy diferente al usado para el deporte masculino. Sobre este tema se han realizado innumerables estudios.   Uno de dichos estudios, realizado por la Unesco en 2018, llegó a la conclusión de que, con ligeras diferencias con respecto a otros estudios, el espacio en medios de comunicación dedicado al deporte femenino está en torno al 8% y, de la mitad de los artículos y reportajes, un 4% está exclusivamente dedicado a ellas. Si redondeamos la cifra, podemos decir que el 90% de los artículos, entrevistas y noticias en televisión o radio están dedicados al mundo del deporte masculino y, entre todos ellos, el deporte por excelencia es el fútbol. La información deportiva femenina queda destinada a la sección de «Otros deportes».

    La calidad de la información también es digna de estudio, puesto que los estereotipos de género están presentes en la mayoría de las publicaciones. A las mujeres se las sigue hipersexualizando, prestándoles atención primero como mujeres, madres o esposas y no como atletas, y el lenguaje utilizado con relación a ellas resulta infantil, remilgado y edulcorado, muy distinto al que se usa en referencia a la competición masculina. Desde esta perspectiva —que insistimos, es universal—, es difícil acabar con los estereotipos de género en la cobertura informativa del deporte femenino, que además cuenta con una plantilla de periodistas eminentemente masculina.

    En Gran Bretaña, un estudio de la Women’s Sport and Fitness Foundation encontró que por cada artículo publicado sobre deporte femenino existían cincuenta y tres centrados en el deporte masculino. En Nueva Zelanda, los medallistas olímpicos masculinos reciben el doble de atención mediática que sus colegas femeninas. En Estados Unidos ocurre algo similar: cuando el equipo femenino de baloncesto se hizo con su quinto título mundial consecutivo, su hazaña fue tratada en televisión durante medio minuto; sin embargo, el equipo masculino, que ganó su segunda medalla consecutiva, obtuvo media hora de cobertura en prime time.

    Los medios de comunicación son imprescindibles para que el cambio en esta tendencia sea efectivo. El tiempo en la radio, las páginas de periódicos o los minutos de televisión que ofrecen información deportiva femenina son residuales. Los deportes femeninos quedan difuminados o invisibilizados, y esto es otra muestra de sexismo dentro del mundo del deporte. La manera en la que el deporte femenino se presenta a los espectadores u oyentes también lleva implícita un trato diferente. Lo ha estudiado muy bien la profesora de Lengua de la Universidad de Málaga, Susana Guerrero Salazar, que llegó a la conclusión de que el tratamiento informativo del deporte femenino mantiene los estereotipos sexistas, cuando no tergiversa el esfuerzo realizado por las mujeres en las competiciones. El esfuerzo realizado por ellas para compatibilizar su día a día con el deporte de élite no se ve reflejado en la prensa. Muy al contrario, esta se convierte en muchas ocasiones en una herramienta perpetuadora de los sesgos sexistas y clichés anacrónicos.

Fuente: Más que olímpicas

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