**Zola Budd y la caída de la Novia de América. Los Angeles 1984

    Mary Decker era la Novia de América. Una novia desafortunada, la mujer sin timming. Se lesionó antes de Montreal 76 y el boicot la dejó fuera de Moscú cuando era la mejor en los 1.500 y 3.000 mts. Llegó a Los Angeles 84 como doble campeona del mundo. Se descontaba su triunfo en los 3.000 metros. Zola Budd era sudafricana, pero competía bajo la bandera británica y corría descalza. La primera mitad de la carrera se desarrolló sin demasiadas emociones. Una rumana venía a buen ritmo seguida por Zola Budd y la norteamericana. En una curva Decker intentó pasar por dentro a Budd, ésta aceleró el paso. Se produjo un roce entre ambas. Nada infrecuente. Mary Decker calculó mal y su pie chocó con el empeine desnudo de Zola Budd. La norteamericana trastabilló, dio un largo paso desarticulado. Trató de mantener el equilibrio. Los brazos aletearon en busca de asirse de algo. Un manotazo desesperado sobre la espalda de Budd, que apuró el paso. La mano resbala. Los ojos abiertos apuntando a la meta que sabe que no alcanzará. Ruedan Mary Decker y su ilusión olímpica por la pista del estadio de Los Angeles. La norteamericana ahora está desparramada a un costado de la pista a metros de donde tropezó. Una de las jueces se acerca a ella. La atleta ni la mira. Llora con desesperación. Son lágrimas de frustración y rabia. Es el llanto de la ilusión perdida.

**Jim Thorpe, el primer multideportista y la rehabilitación tardía. Estocolmo 1912

    Fue el héroe y el villano de los Juegos. Ganó las medallas de oro en pentatlón y decathlón, pero un año después, el COI se las arrebató tras demostrarse que había cobrado 25 dólares por semana en un equipo profesional de beisbol unos años antes, cosa que en plena época del amateurismo estaba prohibida. Se destacaba en básquet, beisbol y futbol americano -su deporte preferido- y tras los Juegos fue contratado por los Yankees para jugar las Ligas Mayores. Recién en 1983, en el 30° aniversario de su muerte, el COI se rectificó y le devolvió las medallas a los hijos del atleta. Además, volvieron a concederle los récords que había conseguido. Tras Estocolmo 1912, el rey Gustavo V de Suecia le dijo: “Eres el mejor atleta del mundo”.

Fuente: Infobae

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