

Es el trato protocolar que usan cada día los parlamentarios en Chile, en España y en general en todos los países donde se guardan ciertas normas de caballerosidad, aun cuando en el trámite del discurso se intercambien adjetivos que dejan en suspenso tan elevadas palabras de cortesía. Es cierto que en el mercado de valores morales, los parlamentarios generalmente se sitúan en la parte baja de las apreciaciones populares. Ni el honor ni el señorío abundan en los semicírculos que responden a parlamentos y cortes. Desde este escenario me dispongo a averiguar sobre el honor o señorío, como palabras antiguas en peligro de abandono por poco uso.
Todos queremos ser dignos de que nos honren y nos consideren señores, en lugar de que nos deshonren o nos consideren siervos o esclavos de nadie. La honra, la honestidad, la dignidad, la decencia, la nobleza o la respetabilidad vienen a ser sinónimos del honor. También la buena fama, crédito, consideración y distinción.
Por no perder la honra los caballeros japoneses se hacían el harakiri y los románticos europeos se batían a duelo. Era considerada en ambas tradiciones un bien imprescindible para seguir viviendo como personas respetables. Calderón de la Barca inmortalizó el tema al escribir que la honra es patrimonio del alma y a nadie se puede rendir. Otros tiempos, otras virtudes, otras riquezas del espíritu que, parecieran haber sido dejadas de lado en nuestro deprimente y deprimido tiempo en que la palabra vulgar se ha hecho académica y parlamentaria.
Solo me cabe esperar que, sin dejar de usar la honorable cortesía en nuestras modernas cortes, nuestros representantes y señores se esforzaran por dar ejemplo de lo que es la honra y el señorío, no solo de los notables o nuevos nobles, sino de todos los electores y ciudadanos de a pie del planeta. Que no quedemos a la espera de la muerte en que efectivamente a todos nos harán las honras fúnebres y hasta nos reconocerán cierto señorío. Celebremos hoy le elección de muchos candidatos a la honorabilidad y el señorío. Y que, ojalá, lo sean.