

En lo alto del altiplano boliviano se alzan las ruinas de la antigua población indígena de Tiahuanaco, que fue descubierta a principios del siglo XX. Sobre todo, la denominada puerta del Sol, con sus grabados y sus complejas acanaladuras, plantea numerosos interrogantes a los científicos. Para colmo, al iniciarse los trabajos de investigación se pasó por alto un lugar enigmático situado a unos cientos de metros de la ciudad en ruinas.
En el campo de ruinas hay bloques de piedra de hasta 1.000 toneladas. Al parecer, se trata de los restos de diversos edificios. Las piedras llaman la atención por la extraordinaria precisión de su forma, lo que permitía encajarlas o superponerlas de diversos modos, como en los sistemas de unidades normalizadas modernos. Las piedras se sujetaban con grapas metálicas, método que los arqueólogos habían visto ya en Delfos, a unos cuantos miles de kilómetros de distancia.
Aún se desconoce cómo fueron destruidos Puma Punku y Tiahuanaco. No obstante, comparando el labrado de las piedras se deduce que ambos recintos no datan del mismo período, puesto que un intercambio de técnicas hubiera sido inevitable a tan poca distancia. Además, en el caso de Puma Punku la devastación es mucho mayor. La estructura de los edificios es muy difícil de reconocer y quedan muy pocas piedras en pie, mientras que en Tiahuanaco todavía se yerguen algunos muros. Si la causa de la destrucción de Puma Punku hubiera sido un terremoto, lo que sería probable por su ubicación geográfica, habría sido tan devastador que Tiahuanaco también hubiera resultado seriamente dañado. Como no es así, los científicos dan por supuesto que Puma Punku es mucho más antiguo que Tiahuanaco. Sin embargo, esta circunstancia plantea un problema: según consta, los indios que vivían en los alrededores todavía no conocían la escritura ni el metal, por lo que no podrían haber fabricado las grapas metálicas. También es improbable que hubieran sido capaces de tallar las piedras con tanta precisión.
Enigmas de la Humanidad – H. Genzmer / U. Hellenbrand