

Uno de los mitos griegos nos habla de Sísifo, por sus constantes artimañas Zeus lo condena por toda la eternidad, Sísifo debía hacer rodar una roca hasta la cima de una montaña, cada día la roca volvía a su origen, esto de una u otra forma nos habla de los esfuerzos inútiles.
Han pasado treinta y cinco años desde que trabajo en un liceo, por varios años mis clases fueron realizadas en la tierra, sin gimnasio, ni multicanchas, no por ello dejan de ser clases, cambia la realidad, el tiempo, los materiales, los jóvenes y sus problemas, pero la idea principal de mostrar una serie de puertas a cada una de las generaciones sigue vigente y siempre puede ser mejor.
Días atrás, una alumna de primero medio me dice, profesor me puede prestar unos guantes para pegarle a la bolsa de arena. Minutos más tarde la chica desataba su furia contra un oponente ficticio, descargó una andanada tras otra, y mientras su rabia salía a través de los golpes, las lágrimas se sumaban; con las mangas se secó la humedad, una mezcla de llanto y sudor, después de varios minutos dejó caer los brazos y los hombros, apoyó su cabeza en el saco, desató los guantes y me los entregó, ¿estás bien?, consulté, mejor, respondió. Regresó en otras tres oportunidades, sus golpes fueron decreciendo en violencia, cada vez una sonrisa más amplia.
A veces si los alumnos no quieren contarte sus cosas, no importa, pero ves los cambios en su forma de actuar. Por casualidad llegué a trabajar en inspectoría general, decían que a las personas que atendía se iban tranquilas, no siempre he quedado tranquilo, y seguro que muchos tampoco se fueron así. Somos parte de una sociedad violenta, de un pueblo violento, de respuestas violentas, hasta los silencios y la indiferencia también lo son. Sé que existen personas que les incomoda el ruido de los alumnos jugando y gritando, pero hacer deporte y jugar es una válvula de escape permanente, al igual que un taca taca, una malla de voleibol que siempre está instalada, o para algunos alumnos ir a la biblioteca a leer, junto con ello tomar un milo caliente en un día frio. Qué más podemos hacer para cambiar en los cuatro años el alumno que nos llega, muchos de ellos pidieron permiso para despedir un alumno asesinado en Lota, varios papás o mamás han estado presos, muchos son parte de redes de narcotráfico, una gran cantidad usa drogas, otros ya han estado presos, sabiendo que estar en esta condición es pasar por una escuela del delito y aun así quieren regresar al liceo.
Un día encontré a un alumno traficando, el colegio lo denunció, cuando llegaron los carabineros, declaré lo visto, el alumno se fue detenido, el alumno a los días regresó, en un momento me dijo, profe no ande “sapiando”, caminé varios días sugestionado, crucé las calles mirando con mucho cuidado, cambié los recorridos, conversé finalmente con el alumno, los dos quedamos en paz.
Cuando uno hace lo mismo tiene los mismos resultados o peores, por eso me sigo preguntando ¿qué otra cosa podemos hacer?: coordinarse, hacer mesas de trabajo, plantearse objetivos de carácter social, mejorar nuestra forma de relacionarnos. Entonces si la realidad de nuestros alumnos es un eterno cambio, ¿Cómo nos adelantamos para ofrecer una alternativa?, Puede que los esfuerzos nos lleven por caminos insospechados, pero siempre debemos intentar ir un poco más adelante, sino podríamos sentirnos como Sísifo, mejor tomar esos guantes de box y dar nuestros mejores golpes.