

*Resurrección de María
María renació en Chiapas. Fue anunciada por un indio del pueblo de Simojovel, que era primo suyo, y por un ermitaño que no era pariente y vivía dentro de un árbol de Chamula.
Y en el pueblo de Santa Marta Xolotepec, Dominica López estaba cosechando maíz cuando la vio. La mamá de Jesús le pidió que le alzara una ermita, porque estaba cansada de dormir en el monte. Dominica le hizo caso; pero a los pocos días vino el obispo y se llevó presos a Dominica, a María y a todos sus peregrinos.
Entonces María se escapó de la cárcel y se vino al pueblo de Cancuc y habló por boca de una niña que también se llamaba María.
Los mayas tzeltales nunca olvidaron lo que dijo. Habló en lengua de ellos, y con voz ronquita mandó que no se negasen las mujeres al deseo de sus cuerpos, porque ella se alegraba de esto; que las mujeres que quisieran se volvieran a casar con otros maridos, porque no eran buenos los casamientos que habían hecho los curas españoles; y que era cumplida la profecía de sacudir el yugo y restaurar las tierras y la libertad, y que ya no había tributo, ni rey, ni obispo, ni alcalde mayor. Y el Consejo de Ancianos la escuchó y la obedeció. Y en el año 1712, treinta y dos pueblos indios se alzaron en armas.
*Aspasia
En tiempos de Pericles, Aspasia fue la mujer más famosa de Atenas. Lo que también se podría decir de otra manera: en tiempos de Aspasia, Pericles fue el hombre más famoso de Atenas.
Sus enemigos no le perdonaban que fuera mujer y extranjera, y por agregarle defectos le atribuían un pasado inconfesable y decían que la escuela de retórica, que ella dirigía, era un criadero de jovencitas fáciles.
Ellos la acusaron de despreciar a los dioses, ofensa que podía ser pagada con la muerte. Ante un tribunal de mil quinientos hombres, Pericles la defendió. Aspasia fue absuelta, aunque en su discurso de tres horas Pericles olvidó decir que ella no despreciaba a los dioses, pero creía que los dioses nos desprecian y arruinan nuestras efímeras felicidades humanas.
Por entonces, ya Pericles había echado a su esposa de su lecho y de su casa y vivía con Aspasia.
Y por defender los derechos del hijo que con ella tuvo, había violado una ley que él mismo había dictado.
Por escuchar a Aspasia, Sócrates interrumpía sus clases. Anaxágoras citaba sus opiniones.
—¿Qué arte o poder tenía esta mujer, para dominar a los políticos más eminentes y para inspirar a los filósofos? —se preguntó Plutarco.
Fuente: Eduardo Galeano