

Sosiego
Estado o situación de calma, armonía, quietud y apacible tranquilidad. El sosiego de la vida campestre. Veamos este fragmento de Camilo José Cela en su novela Cristo versus Arizona (1988, CREA):
“es cierto que mascar tabaco da mucho sosiego al alma, también lo da el amor y el ejercicio de la caza en la llanura”
La palabra proviene del verbo sosegar ‘experimentar un estado de armonía, paz y serenidad, o inducirlo en otra persona o animal’.
Este verbo está atestiguado en nuestra lengua en textos desde el siglo XIII, y ya a comienzos del siglo XIV aparece su derivado sosegar, que se formó a partir del romance hispánico sessegar, y este del latín vulgar sessicāre, del latín sessus, participio de sedēre ‘estar sentado’, ‘sentarse’, ‘asumir un cargo de autoridad’.
Avezado
Que ha adquirido notoria habilidad en hacer alguna cosa debido a la práctica. Es el participio pasivo del verbo avezar ‘foguear a alguien para tornarlo hábil en determinada actividad’.
La palabra llegó a nuestra lengua en el siglo XV bajo la forma abesar con el significado de ‘enseñar a alguien un determinado oficio’, como vemos en esta ordenanza de peinadores y cardadores de lana de 1482 (Corde):
“hordenaron en el dicho cabildo que qualquier oficial forastero que vinyere a esta çibdad, non pueda traer consigo aprendis alguno para abesar por los obradores, salvo en sus lanas de los tales maestro”.
Avezado proviene del verbo latino vitiāre ‘deteriorar, ‘corromper’, ‘arruinar’, ‘contaminar’, ‘viciar’. No obstante, como sabemos, los vicios se convierten en hábitos que se practican casi sin pensar en ello; de ahí el cambio semántico a ‘hacerse hábil por la práctica continuada’, que es hoy el significado de avezar, según vemos en este fragmento de Miguel Delibes en su novela Madera de héroe (1987): El juicio de un hombre avezado, militar de carrera, además, necesariamente había de prevalecer sobre el de una muchachita quinceañera.