Arenga

    Discurso formal, generalmente pronunciado con el fin de enardecer los ánimos, como hacen algunos políticos con las muchedumbres o algunos generales con sus tropas. Actualmente,  se emplea para referirse al cualquier discurso más o menos prolongado, como en este fragmento de Sealtiel Alatriste en su novela Por vivir en el quinto patio (1985, CREA):

    Con una arenga embarullada les resumí la historia de mi tórrido romance y los dejé boquiabiertos.

    Arenga se derivó de la palabra gótica harīhrings ‘reunión del ejército’, formada por harhis  ‘ejército’ y hrings  ‘reunión’, ‘corrillo o círculo de personas’. Esta última voz, con su significado de ‘círculo’, se emparenta con el inglés ring  ‘anillo, aro’.

Corominas (1980) cree probable que el verbo arengar haya surgido antes y que de él se haya derivado arenga.

    Cervantes utiliza esta palabra en el Quijote (1605) al narrar el fastidio de su vecino Pedro Alonso, que oía un discurso interminable del hidalgo:

“dábale priesa a llegar al pueblo por escusar el enfado que don Quijote le causaba con su larga arenga”

Fracasar

    Frustrarse o malograrse un proyecto o una iniciativa. Tener resultado adverso un emprendimiento. Esta palabra ingresó al castellano en el siglo XVI, en la pluma de varios autores, entre ellos Fray Bartolomé de las Casas, que dejó este fragmento, en su Historia de las Indias (1561):

“…el alzamiento de Enriquillo, cacique del Baoruco, en la Española, y las primeras acciones contra él y fracaso de las mismas”

    El vocablo proviene del italiano fracassare, formado a partir del latín conquassāre, formado por con-, de cum ‘con’ y el verbo quassāre ‘sacudir violentamente algo de forma que una parte choque con otra y se rompa’. El prefijo con-, de conquassāre fue sustituido en italiano por fra- (en medio de).       El significado primario es ‘romper algo en muchos pedazos, a golpes’.

    Por extensión, dio lugar a fracassone ‘persona que fracasa en todas las cosas que intenta’, y fracassoso ‘estrepitoso, que hace mucho ruido’.

    El vocablo italiano dio lugar al provenzal frascar y al francés fracasser, que tienen el mismo significado de ‘romper en mil pedazos’. En francés, un fracasseur es un ‘ladrón por efracción’, esto es, que rompe una puerta, una ventana o un vidrio para acceder al lugar donde va a robar.

 

Scroll al inicio