Verdugo

    Funcionario que ejecuta la pena de muerte o que tortura a los prisioneros: una práctica primitiva y repugnante que todavía se verifica en algunos países.

    Del latín virere ‘ser verde’, ‘verdear’ se deriva viridis ‘verde’, ‘fresco’ y de este, bajo la forma abreviada vir-, transformada en ver-, más ductum ‘tomado’, ‘agarrado’, ‘adquirido’ se formó la palabra verdugo, que a comienzos del siglo xiii, significaba ‘vástago, rama que se corta verde’:

“E embio estonces al huerto del santo abraham por vn verdugo de vn arbol que llaman espique: & fizieronle de aquel verdugo corona a honrra de nuestro saluador iesu xpisto (Gran conquista de Ultramar, siglo XIII)”

    Con el tiempo, la palabra adquirió el significado más específico de ‘vara de mimbre usada para azotar’, y ya en el siglo xvi, por un proceso llamado metonimia, designaba no solo la vara usada para el castigo, sino también al que la usaba: ‘el que ejecuta el tormento o la pena de muerte’. Más tarde, también se denominó verdugo el capuchón con el que el ejecutor ocultaba su rostro y, por generalización, cualquier tipo de pasamontañas.

    En el lenguaje de la prensa deportiva de hoy, se aplica este nombre también a los futbolistas que hacen muchos goles: son los “verdugos” de los guardametas.

Naufragio

    Accidente en el cual una embarcación se hunde mientras navega o choca contra un arrecife u otro obstáculo. El naufragio en tiempo de paz más conocido, no solo por la enorme cantidad de muertes que causó, sino también por sus repercusiones periodísticas y cinematográficas, fue el del Titanic, que se hundió tras chocar con un iceberg, causando la pérdida de más de 1.500 vidas humanas.

    El vocablo naufragare se empleó, aunque raramente, en el romance castellano con el significado de ‘mutilar’, como vemos en los Fueros de Medinaceli (1129, Corde):

“Qui naufragare miembro dotro peche XXX et VII mencales et medio al rencuroso, et LX sueldos á los alcalde”

“(Quien mutilare un miembro de otra persona, pague 37 mencales y medio al reclamante y 60 sueldos a los alcaldes)”

    El significado actual solo se usó a partir de fines del siglo XIV, según verificamos en este fragmento de la Crónica de los Reyes Católicos (1491-1516):

“Y el Rey Católico, como supo del naufragio del rey don Felipe y la pérdida que avía avido de sus naos, le enbió otras…”

    La palabra nos llegó desde el latín naūfrăgium, lengua en la cual se formó por composición, a partir de nauis ‘nave’ proveniente del griego ναυς (naús, bisílaba), cf. el sánscrito nāús, por un lado y, por otro, con el verbo latino frāngere  ‘romper’, ‘quebrar’, ‘despedazarse’.

 

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