

Étnico, ca
Relativo a una etnia, entendida como ‘población humana definida por afinidades raciales, lingüísticas, culturales, etc., generalmente asociada a un territorio determinado y unida por un sentimiento de solidaridad’. Entre los elementos de la herencia cultural de una etnia cabe mencionar la ascendencia, los mitos de origen, la historia común, la variedad lingüística y la apariencia física.
De acuerdo con los registros históricos (corpus) etnia no habría sido empleada en nuestra lengua antes de mediados del siglo XX, pero el adjetivo étnico se usa desde el siglo XIII, inicialmente bajo la forma ennico, con el significado de ‘pagano’, como en esta versión del Evangelio según San Mateo (1260, Corde), en una traducción de autor anónimo:
“E si no los quisier escuchar, di lo a la eglesia; e si no escuchare a la eglesia, sea a ti assi como si fuesse ennico o publicano”
Con el mismo significado, étnico aparece también en el siglo XVI, ya con la grafía actual, según vemos en este fragmento de Fray Luis de Granada (1589, Corde): “hallarás que fuiste un étnico y publicano, un hombre sin Dios, una bestia desenfrenada y suelta en todos sus apetitos, un hijo deste siglo, un esclavo del pecado y del demonio”
El significado actual se emplea desde la segunda mitad del siglo XIX, según verificamos en textos de Marcelino Menéndez y Pelayo, quien ya habla de “grupos étnicos”.
El vocablo fue tomado del griego ethnikós ‘relativo a las tribus o pueblos’, formado a partir de ethnós ‘raza’, ‘tribu’.
Petulancia
El diccionario académico define petulancia como una actitud de ‘vana y exagerada presunción’ y menciona que proviene del latín petulantia. Los romanos usaban esta palabra para aludir a un comportamiento ‘desmedido, exagerado, atrevido o insolente’.
El vocablo latino proviene del verbo petere ‘ir a algún lugar’, pero con el sentido de hacerlo en forma agresiva, incluso insolente. También tenía otros sentidos, como el de ‘atacar o herir; demandar a alguien ante los tribunales’ y el de ‘elevarse’. Ovidio decía petere astra (elevarse hasta los astros), y Plinio, más modesto, petere palmi altitudinem (elevarse a un palmo de altura). Cicerón, por su parte, al referirse a una lucha en el Coliseo manifestaba gladiatores petendo vehementem (los gladiadores atacándose con vehemencia).
A partir de este verbo, se formó el adjetivo petulans, que se aplicaba a la persona agresiva, siempre dispuesta a atacar, y también al sujeto insolente o meramente irreverente, y petulantia, arriba mencionada, al comportamiento de los petulans. En cierto momento, se formaron asimismo los cuerpos militares de petulantes, que eran batallones auxiliares de las legiones romanas.
Corominas afirma que la palabra petulante se registra en español desde el siglo xvii. Sin embargo, el etimólogo catalán no disponía de los modernos corpus informatizados que hoy nos permiten saber en pocos minutos que este vocablo ya era conocido en 1490, cuando su significado fue explicado por Alonso de Palencia en su Universal Vocabulario:
“Petulans. tis. de todo género. que agora lo toman por osado & demasiado. Otro tiempo se dizian azedos demandadores. & propriamente moços de cambiadores. los quales muchas vezes y espessas demandan demasiados preçios: que toman nombre de pedidores. O es petulans suzio importuno. En esto es diffirente el petulante del lasciuo: que el petulante viene de temeridad y el lasciuo del iuego y gazaiado”
Fuente: Origen de las palabras. Ricardo Soca