

El problema no es la educación, sino los educadores, entendiendo por tales, siguiendo a la naturaleza y a la historia común, a padres y maestros. Si pusiéramos esta premisa por encima de cualquier otro estudio, podríamos llegar a convencernos que la “crisis de la educación” o “la crisis de los valores” no es otra cosa que el mayor fracaso de la civilización moderna, del que obviamente padres y maestros son desafortunadamente los primeros responsables. Por cierto, que no son los únicos.
Nuestra sociedad ha ganado en conocimientos, técnicas, habilidades duras y blandas, ha sabido ganar dinero, poder, fama, aplausos y desde luego ha tolerado guerras civiles, religiosas y comerciales, que han venido a sepultar lo que griegos, romanos, judíos y cristianos conocieron como la paideia, educación o pedagogía de la sociedad civilizada.
En vano, nuestros países de norte a sur y de este a oeste, prácticamente sin excepciones dignas de considerarse, han venido a desconocer el sentido humanista de la educación de ayer para sustituirlo por un desarrollo de conocimientos neutros, tecnologías fabulosas y habilidades mecánicas para sobrevivir en un mundo que ha perdido nada más y nada menos que la razón de por qué y para qué vive en el planeta.
Pierden tiempo los parlamentos, los gobiernos y los ministerios al tomar la educación como un servicio regulado, tecnificado, tabulado y administrado como un insumo más de lo que la población más sintiente que pensante, requiere. A juicio de algunos críticos de la situación catastrófica de nuestros centros educativos, es que la parte pensante de la educación no sería tan considerada como la condición biológica y afectiva desconectada de cualquier visión trascendente de la humana existencia.
Los educandos de hoy se preparan para construir, administrar y hacer naves espaciales, intervenciones quirúrgicas, construir carreteras, edificios fantasmagóricos y desde luego incorporar en la comunidad humana a los animales, a los árboles y si es posible a los insectos. Esta sería mi primera reflexión en torno a un tema que tiene a muchos lamentándose por la caótica situación de alumnos violentos, profesores abúlicos y padres ausentes y ocupados en tareas de mayor rendimiento económico o social. Por ahora, solamente esta primera reflexión.