*La nieta

    Soledad, la nieta de Rafael Barrett, solía recordar una frase del abuelo: —Si el Bien no existe, hay que inventarlo-. Rafael, paraguayo por elección, revolucionario por vocación, pasó más tiempo en la cárcel que en la casa, y murió en el exilio. La nieta fue acribillada a balazos en Brasil, el día 7 de enero, de 1973. El cabo Anselmo, marinero insurgente, jefe revolucionario, fue quien la entregó. Harto de ser un perdedor, arrepentido de todo lo que creía y quería, él delató, uno por uno, a sus compañeros de lucha contra la dictadura militar brasileña, y los envió al suplicio o al matadero. A Soledad, que era su mujer, la dejó para el final. El cabo Anselmo señaló el lugar donde ella se escondía, y se alejó. Ya estaba en el aeropuerto cuando sonaron los primeros tiros.

*Delmira – 1914 Montevideo

    En esta pieza de alquiler fue citada por el hombre que había sido su marido; y queriendo tenerla, queriendo quedársela, él la amó y la mató y se mató.

    Publican los diarios uruguayos la foto del cuerpo que yace tumbado junto a la cama, Delmira abatida por dos tiros de revólver, desnuda como sus poemas, las medias caídas, toda desvestida de rojo: —Vamos más lejos en la noche, vamos…

    Delmira Agustini escribía en trance. Había cantado a las fiebres del amor sin pacatos disimulos, y había sido condenada por quienes castigan en las mujeres lo que en los hombres aplauden, porque la castidad es un deber femenino y el deseo, como la razón, un privilegio masculino. En el Uruguay marchan las leyes por delante de la gente, que todavía separa el alma del cuerpo como si fueran la Bella y la Bestia. De modo que ante el cadáver de Delmira se derraman lágrimas y frases a propósito de tan sensible pérdida de las letras nacionales, pero en el fondo los dolientes suspiran con alivio: la muerta muerta está, y más vale así.

    Pero ¿muerta está? ¿No serán sombra de su voz y eco de su cuerpo todos los amantes que en las noches del mundo ardan? ¿No le harán un lugarcito en las noches del mundo para que cante su boca desatada y dancen sus pies resplandecientes?

Fuente: Eduardo Galeano

 

   

   

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