

En todas las edades del ser humano hay posibilidad de ser inteligentes, atentos, cordiales y humildes, pero también existe la posibilidad de ser ignorantes, violentos o soberbios. Podemos ser cuerdos o descalibrados mental y afectivamente. Entre los viejos abunda más la cualidad que el desperfecto.
En la etapa de la madurez y sobre todo de la vejez, la cordura suele superar a la vesania o el desequilibrio emocional o mental. Es esta la razón por la que la sociedad toda que, cada día se va llenando de mayor número de viejos, debiera tener en cuenta a la hora de encarrilar los derroteros del futuro en el orden político, económico, social y cultural, el tener en cuenta a los viejos. Estos especímenes, entre los cuales me encuentro, en general son más sensatos, equilibrados o cuerdos que los más jóvenes, por una razón muy simple de explicar. Han tenido éxitos y fracasos, aciertos y equivocaciones .de los que suelen sacar enseñanzas que los más jóvenes aún no alcanzan a tener, porque su curriculum, generalmente más brillante, no se ha deteriorado con errores, ignorancias, descuidos y deficiencias que solamente con la edad se van almacenando para concurrir a una conducta cada vez más realista y digna de ser tenida en cuenta a la hora de recordar y de aconsejar con autoridad. Los viejos son cuerdos por naturaleza, por gracia, por necesidad, y por estadística.
Al advertir con dolor que la vida política y social de los pueblos, sin excepción, carece muchas veces de cordura o sabiduría para enfrentar los complejos problemas de la convivencia humana, nos lleva necesariamente a invocar explícita o tácitamente el concurso, generalmente disponible de los muchos viejos sabios que la humanidad acumula cada día con mayor densidad y riqueza.
En estos tiempos de elecciones de candidatos que anhelan gobernarnos y que nos presentan programas multicolores para convencer al variopinto mercado de los votantes, no estaría de más consultar, cual, si fueran magos cesantes, a muchos de los viejos que, además de años, han ido acumulando paz interior y cordura, del todo conveniente para prefigurar, augurar y ratificar un gobierno más equilibrado de nuestros seguros postulantes, de radiante juventud que ansían dirigirnos por un salario atractivo por tan alta responsabilidad.
Como viejo que soy y seguramente portador de unas migas de cordura, solamente pediría a todos y cada uno de los aspirantes al poder, a distribuir el dinero común, a la gloria y a los aplausos del pueblo, que tengan la humilde cortesía de solicitar de algunos de los viejos que ellos consideren más cuerdos, que les ofrezcan consejos que surgirán desde la sabiduría que vinieron acumulando en el tiempo. Es una de las posibilidades, por lo demás gratuitas, que van quedando en un mundo tan mercantilizado.