Hay mucho de copiar – pegar en los rasgos de personalidad de los humanos justamente por esta cualidad psíquica humana donde las figuras significativas adquieren un poder categórico en los niños y adolescentes. Entonces hemos de preguntarnos permanentemente si mis propios rasgos de personalidad, si mis creencias y pensamientos ¿realmente son parte de mi esencia o más bien son rasgos aprendidos de las figuras significativas que me tocaron? ¿Soy un software que se creó en base a copiar – pegar o soy un humano que decidió libremente ser lo que soy? ¿Mis creencias son fruto de una reflexión y toma de conciencia o son una imitación inconsciente de lo que observé y escuché en la familia de origen? Pienso son preguntas importantes que hemos de hacernos si no queremos pasar por esta vida sin habernos hecho cargo de construirnos a nosotros mismos.

    Frente a un rasgo de personalidad de nuestras figuras significativas (o sea esas figuras que estuvieron compartiendo con nosotros en nuestra primera niñez llámese padres, asesoras del hogar, algún abuelo o tío) podemos configurarnos de cuatro maneras posibles.

–         Amor negativizado

–         Rebelión – conflicto

–         Negación – Rechazo

–         Neutralidad

    Expliquémoslo con un ejemplo. Tienes un padre severo y castigador. La primera opción (la más recurrente) es que tú también en tu adultez seas severo y castigador y francamente no seas consciente de ello. La segunda opción es la rebeldía, consiste en que si tu padre fue severo y castigador bueno entonces tu elijes ser diametralmente distinto, entonces en tu adultez seas un padre extremadamente acogedor y contenedor, felicitas permanentemente y evitas a toda costa ser un padre castigador. La tercera opción consiste en que si se te preguntase por lo severo de tu padre entonces tú dirías que a ti ese rasgo no te afectó, que te da lo mismo, pero en realidad sí te afectó, sí hubo un impacto en tí pero no eres consciente de ello, no te das cuenta, es como una negación de algo que sí ven los demás, pero tú no lo ves. Esta tercera reacción a los rasgos de los adultos es tremendamente común, tenemos conductas y rasgos que los demás ven con notoriedad y obviedad, pero al preguntarnos respondemos que nosotros no tenemos dicho rasgo. Recuerdo haber conocido una mujer muy coqueta, seductora e histriónica, que al mostrarle su coquetería ella decía con toda naturalidad “yo no tengo nada de coqueta”. La cuarta opción consiste en que el rasgo de severidad de tu padre efectivamente no tuvo ningún impacto en tus conductas, ni para bien ni para mal, pasó por fuera de tus circuitos cerebrales, no tuvo repercusión en ti.

    El sentido de este modelo de trabajo personal consiste en preguntarse uno por uno acerca de los rasgos de personalidad de tus figuras parentales cómo te afectó, cómo te lo viviste, cómo lo imitaste o cómo te rebelaste y preguntarse conscientemente si ese rasgo en cuestión o creencia va contigo, cuánto te hace sentido, hacerse un des condicionamiento, sacarte los rasgos de tus figuras parentales y quedarte con tu verdadero ser, con lo que tú eliges desde la consciencia y libertad, o sea un ejercicio de madurez y valentía. 

Scroll al inicio