

Filípica
Filípicas, del griego philippikós, es el nombre de los inflamados discursos con que el orador ateniense Demóstenes denunció en el siglo IV a. de C. las ambiciones políticas de Filipo, rey de Macedonia, quien se había anexado varias ciudades griegas.
Posteriormente, en Roma, en el siglo I a. de C., la palabra fue retomada para designar los discursos del cónsul Marco Tulio Cicerón contra el general Marco Antonio y permaneció en latín como nombre común con el significado de ‘denuncia acre’.
Sin embargo, en su Diccionario castellano, publicado a partir de 1765, Esteban de Terreros sólo admitía que este vocablo se aplicara a los discursos de Demóstenes, de Cicerón y de su contemporáneo Voltaire.
Cabe destacar que la historia recuerda las arengas de Cicerón contra su rival político, el aristócrata Lucio Sergio Catilina, como catilinarias.
El nombre de Filipo significaba ‘aficionado a los caballos’. En español deberíamos decir Felipe, pero la tradición histórica ha preferido recordar como Filipo al rey de los macedonios, padre de Alejandro Magno.
Calzón quitado
En cierta época, cuando eran corrientes los castigos corporales, se solía desnudar a la víctima para que sufriera la flagelación sin contar con la protección de la ropa. Azotar a alguien “a calzón quitado” significaba desnudarlo antes, una práctica cruel que se llevaba a cabo en los casos considerados más importantes; era común en las plantaciones de esclavos del sur de Estados Unidos, de Haití y de Brasil.
En la actualidad, hablar una persona “a calzón quitado” es una metáfora, que significa hacerlo con sinceridad absoluta y sin rodeos ni remilgos, sin tener cuidado por el dolor que nuestras palabras le puedan infligir al interlocutor; en ese sentido, equivale a hablar “sin pelos en la lengua”.
El uso primitivo de la expresión, aplicado al acto de ‘propinar una zurra’, aparece todavía en una crónica peruana publicada en 1938, bajo la firma de Juan A. Corrales, disponible en el corpus diacrónico (Corde) de la Academia española:
“le sugirió la iniciativa de disponer que se chapara a mi hombre con el objeto de propinarle una latiguera a calzón quitado con fines terapéuticos”
Fuente: Origen de las palabras. Ricardo Soca