Sarcófago

    Recipiente de piedra construido para contener un cadáver.

    Del latín lithos sarcophăgum y este, del griego sarcophagos (lithos sarkóphagos) ‘piedra que se alimenta de carne’. Es una palabra con la que se designaba al que se alimentaba de carne: sarkós significa carne y phagos, ‘yo como’ y, en efecto, los griegos llamaban así a las personas o animales que se alimentaban de carne, es decir, a los carnívoros.

    No se sabe con certeza por qué esta palabra fue adoptada para designar a los ataúdes, aunque —según una explicación de Eratóstenes (siglo III a. de C.), recogida por Plinio el Viejo— tal denominación se dio inicialmente a ciertos féretros construidos con una piedra calcárea extremadamente porosa, dentro del cual los cadáveres se descomponían y desintegraban con rapidez. Sin embargo, no falta quien quiere ver en esta relación una huella de la necrofagia practicada en las fases más primitivas de la evolución humana.

Histeria

    El nombre de esta enfermedad psíquica proviene de la creencia que prevaleció hasta fines del siglo XIX, cuando estaba considerada como una dolencia propia de las mujeres, puesto que se creía que era causada por problemas en el útero, palabra proveniente del griego στρα (hystéra) ‘útero’ y esta, a su vez, del sánscrito udáran ‘abdomen’.

    Fueron los trabajos del profesor Jean-Martin Charcot y, sobre todo, de su discípulo en el hospital parisino de la Salpetrière, Sigmund Freud (1856-1939), los que permitieron develar el misterio de la histeria, mostrándola como una enfermedad causada por conflictos en la vida psíquica inconsciente, tanto en hombres como en mujeres.

    A partir de su Estudios sobre la histeria, que publicó junto con Josef Breuer en 1895, Freud desarrolló una compleja teoría sobre el funcionamiento de la mente y de la afectividad del ser humano, basada en sus investigaciones sobre una vida psíquica inconsciente, hasta entonces poco conocida, y en la influencia que, según él, ejercería esa actividad inconsciente sobre el comportamiento y los afectos.

    La voz histeria llegó al español a través del francés hystérie, con origen en el mencionado hystera más el sufijo -ia, usado en español en los nombres de algunas enfermedades.

Fuente: Origen de las palabras. Ricardo Soca

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