

Ironía
La ironía es hoy una figura retórica que implica afirmar lo opuesto de lo que se piensa, como en este texto del escritor Fernando Báez:
Sigmund Freud, cuyos libros fueron seleccionados para ser destruidos, dijo irónicamente a un periodista que, a pesar de lo que pudiera comentarse, semejante hoguera era un avance en la historia humana: ‘En la Edad Media ellos me habrían quemado. Ahora se contentan con quemar mis libros’.
Para Sócrates, en cambio, la eironéia era un método de raciocinio que consistía en simular ignorancia y aceptar las proposiciones del interlocutor para demostrarle enseguida, mediante el diálogo, su inconsistencia. En tiempos de este filósofo, se decía que la ironía tenía seis grados, desde la klenasmós (una ironía leve y no demasiado agresiva) hasta el sarkasmós (el grado más cruel de ironía), pues parece desgarrar la propia carne del interlocutor.
Desguazar
Desmontar una estructura, especialmente un automóvil o un navío. El desguace de buques abandonados es una tarea de creciente importancia en los grandes puertos, donde muchos de ellos quedan al garete, abandonados por sus dueños con las consiguientes dificultades para la actividad portuaria. En 2022, un navío abandonado chocó con el puente de 14 km entre las ciudades de Río de Janeiro y Niterói, causando grave peligro a los automóviles que circulaban por allí, aunque no causó daños graves.
La palabra proviene del italiano sguazzare formada a partir de guazzare, con una s- intensificadoras, que significa en esa lengua ‘vadear un río’. El vocablo está vinculado con el alto alemán antiguo wazzar, (moderno wäschen) ‘lavar’ y con el inglés water (agua). No se puede descartar que el latín acquæ tuviera algún vínculo etimológico con la voz germana, debido a los contactos comerciales que los romanos solían mantener en las fronteras del Imperio con los pueblos vecinos.
Soberbia
Altanería y deseo inadecuado de ser preferido antes que otros. Complacencia vanidosa y narcisista en la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás, que son vistos como inferiores.
Hay registros de este vocablo en escritos y fueros castellanos desde la mitad del siglo XIII, como en este fragmento de Gran conquista de ultramar (1293), de autor anónimo:
“…dizien nin querie responder si non con sanna & con soberbia a aquellos quel amonestauan”
La palabra había llegado a nuestra lengua procedente del latín sŭpĕrbĭa, y fue usada en los romances hispánicos desde los inicios del idioma bajo la forma superbia como, por ejemplo, en el Fuero de Baeza (1300):
“Si alguno por superbia o por bando pendra quisiere deffender al conceio, peche. C. morauedis, & al tantos peche cada uno de los aiudadores”
El vocablo latino arriba mencionado se había formado a partir del adjetivo superbus ‘soberbio’. Corominas (1980). Hasta comienzos del siglo XVII, el adjetivo soberbio coexistió en castellano con la forma soberbioso.
Nebrija (1495) registró en su vocabulario (1495) ensoberbecer ‘infundir soberbia en alguien’, vigente hasta nuestros días.
Fuente: Origen de las palabras. Ricardo Soca