Este eslogan alcanzó gran relevancia cuando, mediante la Carta Europea del Deporte para Todos (1975), se propuso democratizar el acceso al deporte, algo que históricamente había sido un privilegio de las clases más acomodadas. Hoy en día, organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la UNESCO promueven este modelo para combatir el sedentarismo y fortalecer la cohesión comunitaria a nivel global. 

    El concepto de Deporte para Todos se refiere a la práctica deportiva inclusiva y accesible para cualquier persona, sin discriminación de edad, género, capacidad física o discapacidad, etnia o condición social, promoviendo la participación, la igualdad de oportunidades y los beneficios para la salud y el desarrollo personal, integrando a todos bajo las mismas reglas o adaptándolas de forma equitativa. A diferencia del deporte de alto rendimiento, este enfoque no prioriza el ganar, sino la salud, el bienestar y la inclusión social.

    Un programa de actividades físicas basado en los principios del Deporte para Todos debería ser implementado en nuestro país a la luz de la reducción progresiva de la jornada laboral que ya en los próximos años llegará a 40 horas de trabajo semanal donde las personas podrán disponer de mayor cantidad de horas, tanto para compartir con sus familias, como también de tiempo de libre disposición que, entre otras cosas, les debería permitir participar de diversas actividades físicas y deportivo recreativas, en beneficio de salud y calidad de vida.

    Un país como el nuestro, que registra altos índices de obesidad en niños, adolescentes, adultos jóvenes y mayores, causados entre otros factores por una dieta alimenticia desbalanceada, escasa práctica de actividades físicas en todos los grupos etarios, ejercitación física no siempre dirigida ni controlada por  personas capacitadas, requiere de la implementación de acciones reales que contribuyan a erradicar el sedentarismo, disminuir los índices de obesidad, riesgos de lesiones, el uso y abuso de licencias médicas y, con ello, contar con una población más sana y productiva.

    Si al día de hoy se hace un diagnóstico de los recursos disponibles para la práctica de actividades físicas y deportivas, podrá constatarse por ejemplo, que muchos establecimientos educacionales de nivel escolar a lo largo del país, no cuentan con la infraestructura mínima que permita cumplir efectivamente y, haciendo uso de recintos adecuado, con las horas programáticas de educación física y de prácticas deportivas, como por ejemplo, un gimnasio cubierto de dimensiones adecuadas para la práctica de deportes como el básquetbol, el vóleibol y el balonmano, y tampoco con el equipamiento e implementación necesaria para la enseñanza de habilidades gimnásticas básicas y de desarrollo y fortalecimiento muscular, algo de lo que también adolecen varias instituciones de educación superior.

    En esta materia, no se puede desconocer el esfuerzo que han hecho algunos municipios al instalar en parques o áreas públicas diversos tipos de máquinas de ejercicios, que en la mayor parte del día no se utilizan y que no cuentan con la asistencia técnica de instructores en horarios determinados, que enseñen su correcto uso y que, a la vez, puedan orientar a los usuarios diseñándoles programas básicos de entrenamiento.

    Para desarrollar con éxito un programa de características similares a lo que propicia el Deporte para Todos, basado en los principios que promueve este movimiento universal, las estrategias a implementar deberían trascender el ámbito meramente deportivo e integrarse con planes de educación, salud y urbanismo, de modo que la práctica de actividades físicas y deporte esté realmente al alcance de todos en nuestro país.

 

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