Una sabia norma moral dice que en la vida no hay que actuar nunca bajo la presión de la duda. La razón es muy simple. El que actúa dudando se expone a hacer el mal, hacerlo mal y sentirse mal. Es muy natural que nuestra inteligencia se encuentre frecuentemente enfrentada a la dificultad de optar por distintos caminos tanto en la ciencia como en la conciencia. Dudar sistemáticamente como nos propuso Descartes es solamente una metodología para caminar siempre en busca de la certeza de la verdad y del bien. El hombre no tiene la visión directa sobrenatural de las cosas; solamente tiene una inteligencia limitada, por lo que debe andar paso tras paso adquiriendo con dificultad muchas verdades intermedias. Pero una vez que adquirimos verdades fundamentales, la duda solamente será un estorbo para seguir adquiriendo solidez en el conocimiento y establecernos en la vida con acciones que respondan a certezas absolutamente necesarias para alcanzar el sosiego, la sabiduría y en definitiva el gozo de la verdad o el bien aprehendidos.

    Leo en el Bhagavad Gita, -algo asì como el libro principal de la sabiduría  hindú- esta reflexión atribuida a la divinidad: “El hombre que vive en la duda, no encontrará la paz ni el conocimiento ni en esta vida ni en la vida futura”. El mundo último modelo en que habitamos, pensamos y actuamos nos ha venido predicando la indiferencia ante la verdad, la relatividad del bien y el sinsentido de nuestra existencia que se diluye en la duda y en la nada.

    Las palabras que vienen de los siglos, ya sean de nuestros libros sagrados judeocristianos o hindùes son ciertamentemàs reconfortantes y más alentadoras que las que comúnmente escuchamos de algunos de nuestros lìderes que, ciertamente han perdido el contacto con esa universal sabidurìa que nos alimenta, fortalece y da esperanza. A los que dejaron de atender a la revelación divina del evangelio, sería recomendable sugerirles una lectura de otras grandes sabidurìas que simplemente confirman nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor a la humanidad oscilante, dudosa o deprimida.       Asentados en certezas, vivimos esperanzados; con dudas de todo solo nos espera la desesperanza o la desesperación.

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