Látigo

    Azote largo y flexible, generalmente de goma, de cuero o de cuerda, usado actualmente para estimular las caballerías, aunque en otros tiempos se usó para castigar a seres humanos esclavizados o indefensos.

    Según el Diccionario de la lengua española (DLE), se trata de un vocablo de origen incierto, como ocurre con buena parte de los lexemas de cualquier lengua.

    Algunos autores, como Covarrubias (1611) creyeron hallar una etimología en el latín lato ‘ancho’, otros, en el vascuence latigóa, del mismo significado. El académico de la RAE Pedro Felipe Monlau (1808-1871) observó en su Diccionario etimológico (1856) que la debilidad de estas conjeturas permitía consignar que el origen de la palabra era todavía desconocido.

    Sin embargo, un siglo más tarde, Corominas (1980) aventura una hipótesis interesante: como el vocablo también se usó antiguamente con el significado de ‘correa para amarrar’ y también como ‘arreo de las caballerías’, es probable que provenga de un hipotético gótico laittug, pariente del anglosajón lâttêh ‘dogal’. En el portugués del sur de Brasil se emplea látego como ‘tira de cuero con la que se aprietan los arreos del caballo’.

Onírico

    Significa ‘referente a los sueños’ —tomado en el sentido de ‘soñar’, no en el de ‘dormir’—. El vocablo surgió en español a partir de la traducción de Luis López Ballesteros de las obras de Freud. Este traductor, el primero que se ocupó de ese autor, tuvo que cuidarse de distinguir los verbos alemanes schlafen ‘dormir’ y traumen ‘soñar’. Llamó también en español ensueño al sueño de soñar, para distinguirlo del sueño de dormir.

    Onírico es un cultismo proveniente del griego ὄνειρος (óneiros) ‘sueño’ (de ‘soñar’), incorporado al castellano en la primera mitad del siglo XX.

    Se vivía por entonces un período de auge del psicoanálisis freudiano, disciplina que introdujo la interpretación de los sueños como una herramienta del estudio de la mente humana. También estaba en auge e esa época el arte onírico de los surrealistas. Por esa razón, onírico ingresó por primera vez al diccionario académico en 1930, aunque Corominas señala que ya en 1900 se verificaba el empleo de oniromancia ‘adivinación por medio del estudio de los sueños’, formada por óneiros, seguido por el elemento compositivo manteia ‘adivinación’, como en quiromancia, formada con kheir ‘manos’, o en cartomancia ‘adivinación por medio de las cartas’.

Elegía

    Subgénero de la poesía lírica que, desde los griegos y los romanos, se componía con temas de lamentación, como la pérdida de la vida, de un ser querido o para expresar un sentimiento doloroso.

    El vocablo proviene del sustantivo griego élegos, un canto de duelo que los antiguos solían acompañar con la flauta o la lira. Este vocablo dio lugar a otros dos sustantivos: élegeíon dístico elegíaco, de género neutro, y el femenino élegeía elegía, que pasó al latín como elegīa.

    El género fue cultivado hasta el siglo VI a. C. por autores como Solón, Tirteo de Mimnermo, y en siglos posteriores por Teognis y Jenófanes, entre otros. Entre los siglos III y II, a. C. fue introducido al latín por Ennio, y cultivado también por Propercio, pero su máxima expresión fueron las Tristias y las Pónticas, escritas en los últimos años de Ovidio, cuando este autor, deportado al Ponto Euxino por Augusto, expresaba el dolor de su exilio, del cual jamás retornaría.

    En la poesía en español, cabe destacar las Coplas por la muerte de su padre, de Jorge Manrique, en el siglo XV y, más modernamente, la Oda a Federico García Lorca, escrita por Pablo Neruda.

Fuente: Origen de las palabras. Ricardo Soca

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