

El enfrentamiento entre Alice Milliat y Pierre de Coubertin fue un choque ideológico que definió el rumbo del olimpismo moderno. Mientras Milliat exigía igualdad y derecho a la competición, Coubertin defendía una visión del deporte basada en la “virilidad” y la exclusión femenina.
Los dos polos del conflicto
*La postura de Coubertin:
El barón consideraba que la presencia femenina en los estadios era “antiestética e incorrecta”. Para él, el papel de la mujer en los Juegos debía limitarse a ser espectadora o a “coronar a los vencedores”, argumentando que su constitución física no era apta para el esfuerzo de alto rendimiento.
*La respuesta de Milliat:
Ante el rechazo sistemático de sus peticiones para incluir el atletismo femenino en los Juegos de 1920 y 1924, Milliat decidió que si no le daban un lugar, ella lo crearía. En 1922 lanzó los Juegos Olímpicos Femeninos (más tarde llamados Juegos Mundiales Femeninos por presión legal del COI).
Momentos clave del “pulso”
*Guerra de nombres:
Cuando Milliat llamó a sus juegos “Olímpicos”, el COI enfureció. Ella sólo aceptó cambiar el nombre a cambio de que se incluyeran pruebas femeninas de atletismo en el programa oficial de los Juegos de 1928.
*El incidente de los 800 metros:
En los Juegos de Ámsterdam 1928, algunas atletas llegaron exhaustas a la meta. Coubertin y sus aliados usaron esto para argumentar que las mujeres “envejecerían más rápido” por el esfuerzo y lograron prohibir las carreras de fondo femeninas durante los siguientes 32 años.
*Victoria final:
Aunque Coubertin nunca cambió de opinión, la popularidad masiva de los eventos de Milliat (que atraían a decenas de miles de espectadores) demostró que el deporte femenino era un éxito comercial y social, obligando al COI a ceder gradualmente.
Hoy en día, el reconocimiento a Milliat ha crecido tanto que en la sede del Comité Olímpico Francés su estatua se encuentra junto a la de Coubertin, simbolizando el fin de aquella histórica rivalidad.