* Lavar

    Limpiar algo con agua u otro líquido; mejorar algo, sacándole una mancha o defecto. Un rasgo semántico que acompaña esta voz desde el latín es el uso del agua; limpiar algo sin usar algún líquido no es lavar.

    Se usa también metafóricamente con el significado de ocultar los orígenes del dinero ilegal, generalmente oriundo de delitos como narcotráfico o evasión de impuestos, para que pueda ser usado en el circuito legal.

    La palabra nos viene desde los orígenes del idioma, oriunda del latín lavāre, y del latín vulgar lavari (DuCange). Esta última forma aparece también en documentos medievales almacenados en el Corde: orillos lavari à cinco maravedís el ciento, así como labare en las Glosas de Silos (s. X).

    Está presente, con ligeras variantes, en casi todas las lenguas romances: en el francés por lo menos desde el siglo XII, laver y se laver (en algún caso,  metafóricamente ‘lavar los pecados mediante la confesión’); en gallego y en portugués, lavar; en italiano lavare.

    Es un vocablo muy productivo en la formación de nuevas voces: lavabo, lavadero,  lavandera, lavandería, lavarropas, lavatorio, entre muchas otras.

* Ritmo

    En música, orden que, de acuerdo a lo que marca un compás, coordina una sucesión de pulsos, notas y compases que se repiten un cierto número de veces en una melodía a una velocidad determinada; es la forma en que los músicos se conectan entre sí.

    En poesía, es la cadencia con que se pronuncian las palabras de cada verso, sea en la sucesión planificada de sílabas largas y cortas que caracteriza las poesías griegas y latinas, así como, en nuestra lengua, el uso del acento y la métrica, a veces con ayuda de la rima, su pariente etimológica, puesto que ambos provienen del latín rhythmus, proveniente a su vez del griego rythmós.  Para los griegos y los romanos, la palabra significaba más o menos lo mismo, ‘movimiento regular y acompasado’ (Vitruvio) y, para Quintiliano ‘cadencia’.  El diminutivo rhӯthmŭlus lo empleaban los poetas latinos para las cadencias breves, que en poesía castellana se llaman “versos de pie quebrado”, y tienen como uno de sus paradigmas, las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique.

* Estirpe

    Conjunto formado por las personas, ascendientes y descendientes, vivos y muertos, pertenecientes a una misma familia, especialmente si es de origen noble o ilustre o, más modernamente, apenas acaudalada. El Diccionario de la lengua española (DLE), define el vocablo como ‘raíz y tronco de una familia o linaje’.

    No se trata, como muchos piensan, de un concepto medieval; Julio César afirmaba —y probablemente creía— que era descendiente directo de Venus y Eneas, quienes se habrían amado un milenio antes de que él viniera al mundo.

    La palabra fue tomada del latín stĭrps ‘base del tronco de un árbol’, ‘familia’, ‘linaje’. Covarrubias (1611) vincula este vocablo con extirpar y le atribuye el significado de ‘descendencia de cada uno y su origen discurriendo hasta el tronco y raíces del linaje’.

    Por extensión, se llama así en biología a un grupo de organismos que tienen una relación genética y evolutiva similar, que puede ser una subespecie, una raza o una línea de células que se dividen a partir de una única célula y se reproducen formando una población de células con características similares.

    Veamos este fragmento de Isabel Allende en su Eva Luna (1987): De una cosa estaba seguro: no había taras congénitas en su estirpe, de modo que él no era responsable de esa pobre enferma, quién sabe si era en realidad hija suya.

Fuente: Origen de las palabras. Ricardo Soca

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