

> Fundación de la taberna
Cuando Irak era Babilonia, manos femeninas se ocupaban de la mesa:
“Que la cerveza nunca falte, la casa sea rica en sopas y el pan abunde”
En los palacios y en los templos, el chef era hombre. Pero en la casa, no. La mujer hacía las diversas cervezas, dulce, fina, blanca, rubia, negra, añeja, y también las sopas y los panes. Y lo que sobraba, se ofrecía a los vecinos.
Con el paso del tiempo, algunas casas tuvieron mostrador y los invitados se hicieron clientes. Y nació la taberna. Y fue lugar de encuentro y espacio de libertad este reino chiquito, esta extensión de la casa, donde la mujer mandaba.
En las tabernas se incubaban conspiraciones y se anudaban amores prohibidos. Hace más de tres mil setecientos años, en tiempos del rey Hammurabi, los dioses transmitieron doscientas ochenta y dos leyes al mundo.
Una de las leyes mandaba quemar vivas a las sacerdotisas que participaran en las conjuras de las tabernas.
> Las misas de la mesa
Cuando Irak era Asiria, un rey ofreció en su palacio de la ciudad de Nimrod un banquete de veinte platos calientes, acompañados por cuarenta guarniciones y regados por ríos de cerveza y vino. Según las crónicas de hace tres mil años, hubo sesenta y nueve mil quinientos setenta y cuatro invitados, todos hombres, mujer ninguna, además de los dioses que también comieron y bebieron.
De otros palacios, todavía más antiguos, provienen las primeras recetas escritas por los maestros de cocina. Ellos tenían tanto poder y prestigio como los sacerdotes, y sus fórmulas de sagrada comunión han sobrevivido a los naufragios del tiempo y de la guerra. Sus recetas nos han dejado indicaciones muy precisas (que la masa se eleve hasta cuatro dedos en la marmita) y a veces no tanto (echar sal a ojo), pero todas terminan diciendo:
> Listo para servir.
Hace tres mil quinientos años, también Aluzinnu, el payaso, nos dejó sus recetas. Entre ellas, esta profecía de la charcutería fina:
Para el último día del penúltimo mes del año, no hay manjar comparable a la tripa de culo de burro rellena de mierda de mosca.
> Breve historia de la cerveza
Uno de los proverbios más antiguos, escrito en lengua de los sumerios, exime al trago de toda culpa en caso de accidentes: “La cerveza está bien. Lo que está mal es el camino”
Y según cuenta el más antiguo de los libros, Enkidu, el amigo del rey Gilgamesh, fue bestia salvaje hasta que descubrió la cerveza y el pan.
La cerveza viajó a Egipto desde la tierra que ahora llamamos Irak. Como daba nuevos ojos a la cara, los egipcios creyeron que era un regalo de su dios Osiris. Y como la cerveza de cebada era hermana melliza del pan, la llamaron pan líquido.
En los Andes americanos, es la ofrenda más antigua: desde siempre la tierra pide que le derramen chorritos de chicha, cerveza de maíz, para alegrar sus días.
Fuente: Eduardo Galeano