

El “gobierno de las cortesanas” es uno de los periodos olvidados de la historia del Papado a causa del poder que ejercieron dos poderosas mujeres: Teodora y Marozia.
El término “pornocracia” proviene del griego y significa “gobierno de las cortesanas”, una definición que puede aplicarse a los hombres y mujeres que, gracias a su relación con un gobernante, lograban establecer sus propias redes políticas y clientelares hasta el punto de superar, e incluso sobrevivir, al propio gobernante.
La palabra “pornocracia” fue utilizada por los historiadores protestantes para definir el siglo X como el periodo más oscuro de la iglesia de Roma: el llamado Seculum obscurum. Sus tesis se encontraban inspiradas por las crónicas de Luitprando, obispo de Cremona, contemporáneo a los hechos y que vivió aquellos tiempos en los que Roma estaba controlada por dos mujeres: Teodora y Maroza.
Luitprando de Cremona era completamente contrario al poder que estas dos mujeres, Teodora, esposa del senador romano Teofilato y su hija Maroza, ejercían sobre el Papado. Su crónica se encuentra cargada de un evidente machismo, y no dudó en definir a Teodora como “una prostituta que ejerció su poder en Roma peor que cualquier hombre”. Pero nada más lejos de la realidad.
Para llevar la contraria a Luitprando, debemos conocer el contexto de la Roma del siglo X. Teodora y Marozia no eran simples cortesanas, sino una madre y una hija pertenecientes a la familia más poderosa de la aristocracia romana: los condes de Tusculum. El senador Teofilacto I, marido de Teodora y padre de Marozia, era el superista, general de las mesnadas papales, y junto con Teodora, decidieron entregar a su hija Marozia al papa Sergio III.
La nobleza de Roma en el siglo X ostentaba su poder en los distintos rioni (barrios) de la ciudad desde sus torres fortificadas. Aún pueden encontrarse muchas de estas torres en la actualidad.
La moral eclesiástica durante el siglo X estaba muy lejos de parecerse a la que conocemos hoy en día, y era corriente que los obispos fundasen sus propias dinastías a pesar del veto del matrimonio. El papel de Marozia como cortesana del papa Sergio III era similar al que ostentaba una reina, pues el pontífice no era sólo el señor espiritual de Roma, sino un auténtico monarca feudal.
Pero, ¿a quién debía obediencia el Papa? En teoría, sólo a Dios, pero en la práctica, la elección papal dependía del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, protector de la Santa Sede desde tiempos de Carlomagno. La mejor forma que la nobleza romana ideó para controlar al Papa era literalmente, inmiscuyéndose en su alcoba: y aquel fue el papel de Marozia.
La Roma de los años 900-950 era una de las ciudades menos pobladas de Italia, y su población se concentraba en la colina del Celio en torno a San Juan de Letrán, residencia de los Papas medievales. El resto de la ciudad lo ocupaban las ruinas y las torres de las familias nobles que luchaban por el control de la Curia Pontificia, y todos se esforzaban por colocar a su propio Papa en la cátedra de San Pedro.
El pontificado de Sergio III comenzó bajo el recuerdo del truculento “Sínodo del cadáver”, uno de los episodios más oscuros de la Roma medieval. Los Papas eran peones al servicio de los nobles romanos, y Sergio III nunca hubiese resultado electo sin el apoyo de los dos verdaderos reyes de Roma: Alberico I, conde de Spoleto y esposo de Marozia, y Teofilacto de Tusculum, padre de la joven y marido de Teodora.
Marozia ejerció como amante y concubina del papa Sergio III hasta la muerte del pontífice en el año 911. Después pasaron dos papas ancianos, Anastasio III y Lando, meras herramientas en manos de los condes de Tusculum, hasta que fue electo Juan X, un papa opuesto a las intenciones de Teodora y Marozia que pretendía eliminar el poder de las cortesanas.
Fuente: Historia NG