Fundación del Correo

Hace dos mil quinientos años, los caballos y los gritos llevaban noticias y mensajes a las lejanías.

Ciro el Grande, hijo de la casa de los Aqueménidas, príncipe de Anzán, rey de Persia, había organizado un sistema de correos que funcionaba, día y noche, mediante relevos sucesivos de los mejores jinetes de la caballería persa.

El servicio expreso, más caro, trabajaba a gritos. De voz en voz, las palabras atravesaban las montañas.

Eco

En otros tiempos, la ninfa Eco había sabido decir. Y con tanta gracia decía, que sus palabras parecían no usadas, jamás dichas antes por boca ninguna.

Pero la diosa Hera, la esposa legal de Zeus, la maldijo en uno de sus frecuentes ataques de celos. Y Eco sufrió el peor de los castigos: fue despojada de voz propia. Desde entonces, incapaz de decir, sólo puede repetir. La costumbre ha convertido esta maldición en alta virtud.

Tales

Hace dos mil seiscientos años, en la ciudad de Mileto, un sabio distraído llamado Tales paseaba en las noches, y espiando estrellas solía caerse en algún pozo.

Tales, hombre curioso, pudo averiguar que nada muere, que todo se transforma y que nada hay en el mundo que no esté vivo, y que en el origen y en el fin de toda vida está el agua. No los dioses: el agua. Los terremotos ocurren porque la mar se mueve y alborota la tierra, y no por las rabietas de Poseidón. No es por gracia divina que el ojo ve, sino porque el ojo refleja la realidad, como el río refleja los arbustos de las orillas. Y los eclipses ocurren porque la luna tapa el sol, y no porque el sol se esconda de las iras del Olimpo.

Tales, que en Egipto había aprendido a pensar, predijo los eclipses sin error, sin error midió la distancia de los barcos que venían de altamar, y supo calcular exactamente la altura de la pirámide de Keops por la sombra que proyectaba. Se le atribuye el teorema más famoso, y cuatro más, y hasta dicen que descubrió la electricidad. Pero quizá su gran hazaña fue otra: vivir como vivió, desnudo del abrigo de la religión, sin consuelos.

Fuente: Eduardo Galeano

   

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