Onanismo

La masturbación se llama también onanismo debido a un malentendido ocurrido en el siglo XVIII con el llamado “pecado de Onán, descrito en la Biblia”. Onán fue un personaje bíblico cuyo hermano Judá murió sin dejar descendencia. En esa época, la ley mosaica establecía que el hermano sobreviviente debía casarse con la viuda para darle hijos. Onán cumplió con la ley solo formalmente: se casó con la viuda, Tamar, pero como no quería tener hijos, practicaba el coitus interruptus, esto es, eyaculaba fuera de la vagina de su mujer, por lo que Dios lo castigó con la muerte:

[…] si bien tuvo relaciones con su cuñada, derramaba a tierra, evitando el dar descendencia a su hermano. Pareció mal a Yahvé lo que hacía y le hizo morir también a él (Gén. 38, 9-10).

En 1710, un médico inglés de apellido Becker decidió apoyar la prédica eclesiástica contra las actividades sexuales no dirigidas a la reproducción, como la masturbación, y publicó un libro titulado Onania y el pecado atroz de la autocomplacencia. Medio siglo más tarde, el médico suizo Tissot publicó un tratado sobre los supuestos trastornos causados por la masturbación, bajo el nombre de El onanismo, en el que afirmaba que este hábito era “la más mortífera y siniestra de las prácticas sexuales”.

Con estos dos libros, quedó consagrado el malentendido; a partir de entonces, la masturbación lleva, injustificadamente, el nombre de Onán, cuyo pecado había sido otro.

Pasta

Conjunto de alimentos preparados con una masa de harina, generalmente de sémola, con sal, huevo, leche y diversos ingredientes, según la variedad, que se cuece en agua hirviente.

Este alimento nació probablemente hace 4.000 años en China, según un documento publicado por la revista Nature en 2005. Sin embargo, investigaciones históricas muestran que la pasta fue inventada dos o tres milenios después, independientemente, por los etruscos, para tornarse posteriormente un alimento característico de los romanos. Cicerón (106-43 a. C) tenía como plato favorito la pasta, que en su tiempo se llamaba laganum, según Lawson y Bassignana (“Musée imaginaire” of pasta, 1995:8).

El producto fue heredado por los italianos, que lo convirtieron en la delicia más tradicional de su gastronomía, y luego, mediante la emigración hacia el Río de la Plata y Brasil, esta tradición se extendió desde esa región hasta algunos lugares de los estados brasileros del sur, y San Pablo.

La palabra proviene del latín tardío pasta, proveniente a su vez del griego πάστη (paste) ‘harina mezclada con salsa’, derivada por su parte del verbo derramar. La palabra aparece atestiguada por primera vez en nuestra lengua por Berceo (Milagros, v. 274c y d): quisieron acorrelli, ganarla por vezina, mas pora fer tal pasta menguávelis farina.

Entre sus derivados en nuestra lengua, tenemos pastel, pastelero, pastelón, empastelar, pastoso y pastilla, entre otros.

Balotaje

Antiguamente, algunas comunidades religiosas de Francia solían tomar decisiones con base en el voto de sus miembros; ese era también el caso de organismos pluripersonales, y lo hacían mediante pequeñas bolillas con diferentes colores, llamadas en francés ballotte, diminutivo de balle ‘bolilla’, ‘balota’. La palabra está atestiguada también en italiano en la segunda mitad del siglo XIII como ballotta, así como en el inglés actual balloting ‘votación’ y ballot ‘número de votos’.

En francés, el conteo de los sufragios de una segunda ronda de votación, cuando ninguno de los candidatos obtiene la mayoría absoluta, fue llamado scrutin de ballottage ya en 1816, según el Trésor de la Langue Française informatisé. En español, el diccionario de la Academia registra esta voz por primera vez en su edición de 1927, como ‘acción de balotar’ y balotar, ‘votar con balotas’, aunque restringía su uso solamente al Perú. En la edición de 2001, la Casa madrileña afirmaba que balotaje era usado solo en Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay, pero a partir de 2014 se eliminó esa lista y se introdujo en la definición el sintagma “algunos sistemas electorales”.

¿Cómo debemos escribirlo en castellano? Es frecuente leer en la prensa formas como como *ballotage o *balotage, pero lo cierto es que las palabras del castellano que terminan en -aje, con a tónica, se escriben siempre con j. No existe en nuestra lengua la terminación -age, con dos excepciones, ambas con a átona: hipálage y enálage, además del vocablo francés collage. La única forma adecuada de escribirlo es, pues, balotaje, aunque ya no se usen las balotas.

Fuente: Ricardo Soca

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