

Parroquia
En el catolicismo, iglesia en la que se atiende a los feligreses, y también territorio que está bajo la jurisdicción eclesiástica de un sacerdote, o, según la RAE “bajo la jurisdicción espiritual del cura de almas”.
La palabra proviene del latín tardío parochĭa y este, del griego παροικία (paroikía) ‘avecinamiento’, derivada de πάροικος (pároikos) ‘vecino’, por influencia del latín parŏchus ‘anfitrión’, ‘dueño de casa’, ‘abastecedor’. En castellano, los derivados parroquiano y parroquial aparecen ya en el siglo XIII, en Milagros de Berceo:
Guirald fezo nemiga, matósse con su mano, deve ser judgado por de Judas ermano, es por todas las guisas nuestro parroquiano (v. 201).
Y también Trobaron a Jerónimo, preste parroquial… (v. 312).
Entre los derivados actualmente vigentes, tenemos párroco, parroquial y parroquiano; este último significa también ‘frecuentador de un lugar’.
Sílaba
Unidad del lenguaje formada por uno o varios sonidos articulados que se agrupan en un golpe voz en torno al fonema de mayor sonoridad, que en español es casi siempre una vocal. En fonética, se llama sílaba abierta o libre a la que termina en vocal, como las de cera, y sílaba cerrada o trabada, a la que termina en consonante, como las de carbón.
Se sabe que la escritura de los fenicios, que fue la base sobre la que se crearon luego las escrituras griega y latina, era silábica, es decir, sus signos o grafemas eran consonantes que representaban sílabas, las vocales eran inferidas a partir de aquellas.
La palabra nos viene del latín syllăba, y este del griego συλλαβή (syllabé), ambas de igual significado. La forma latina se mantuvo hasta el siglo XV, cuando fue muy frecuentemente usada por Palencia (1490) y por Nebrija (1495), aunque el primero alternó también con la forma simplificada sylaba.
La forma actual sílaba usada ocasionalmente por Alfonso el Sabio en su General Estoria. Primera parte.
Arroyo
Corriente de agua de escaso caudal, que a veces se interrumpe. También se llama así la parte de la calle por donde suelen correr las aguas. Sin embargo, en algunos países, como Perú, Uruguay y Venezuela, hay cauces navegables de gran caudal que son llamados arroyos.
Cuando Plinio el Viejo fue a Hispania como procurador de Vespasiano, recogió la palabra prerromana arrugia ‘galería de mina’ y su forma masculina, con el significado que le damos hoy a arroyo, como referencia a las corrientes de agua que circulan por esas galerías.
Semánticamente emparentada con el portugués sarja ‘arroyo’, ‘curso de aguas servidas’ y con sarjeta, que, al igual que el arroyo español, en portugués designa también la parte de la calle por donde corre el agua y, en sentido figurado, el lugar de la gente que vive en la calle. Como ejemplo de este último significado, recordemos el nombre en castellano de la película El estigma del arroyo (1956), con Paul Newman, basada en la vida del boxeador Rocky Graziano (en inglés, Somebody Up There Likes Me).
Fuente: Ricardo Soca