Ya nadie se asombra del avance de las comunicaciones. A esta aldea llamada Chile le llega todo y de todos lados. Tengo en mis manos un artículo que llama a la reflexión a todos los que impulsamos y promovemos la práctica del deporte en los niños porque vemos en esa práctica la importancia que tiene en la formación para la vida.

Siempre que sale a relucir el tema del deporte, en cualquiera de sus acepciones, a todos los adultos nos da la impresión de algo positivo, algo favorable. No es que no lo sea, sino que olvidamos otros aspectos que no son tan positivos para los niños ligados al deporte.

Es bueno que todas las personas sientan y piensen el deporte escolar como algo bueno para la educación de los niños. Es bueno que se glorifique al mismo y que se le considere como un elemento muy importante en la formación infantil, que se le dé connotaciones de factor benéfico social, que se le potencie desde los organismos del estado, que la sociedad -en definitiva- lo entienda como algo establecido y sin posibilidad de cambio.

Pero también es bueno que se escuchen otras voces que ven al deporte escolar desde otra perspectiva. Desde un punto de vista inconformista. No conforme con la situación actual del deporte escolar y no conforme con el concepto actual que muchas personas tienen del mismo.

El deporte escolar -en algunos casos- se ha convertido en una actividad imitadora del deporte profesional. Esto, que para muchos adultos no deja de ser una insignificancia, puede llegar a extremos bastante tristes, aunque en la mayoría de los casos se queda en un pequeño trauma para el niño ¿Cuántos niños son capaces de soportar al papá hincha que ve en su hijo un proyecto de gran futbolista o tenista y a través de él una gran entrada de dinero? ¿Cuántos niños son capaces de soportar los improperios de técnicos que buscan en el triunfo la manera de asegurar su trabajo? Estamos hablando de niños y cómo el deporte puede ser un método de formación o de deformación en ellos.

El síndrome de ganar o ganar, tirado a los cuatro vientos por comentaristas, no tiene asidero si no va acompañado de una buena formación deportiva. Los niños nacen para triunfar, o por lo menos vienen con los elementos esenciales para conseguirlo; somos nosotros, los técnicos -entre otros- los que descartamos muchas veces esta realidad simplemente por apurar las etapas y así demostrar nuestra capacidad a costa de niños siempre dispuestos.

La presión de un deporte escolar que no respete a la persona, su ritmo particular, su edad, y que valore por encima de todo el resultado frente a la formación puede producir varios tipos de consecuencias: físicas, pequeñas lesiones; psíquicas, falta de seguridad en sí mismo; y afectivas, imposibilidad de relación, entre otras.

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