El sábado 25 y domingo 26 de octubre recién pasado, en la pista de rekortán de Concepción se realizó una nueva versión de los Torneos Zona Sur de Atletismo. 

Aunque estoy alejado de la competencia, me acerqué a conocer las figuras que empiezan a caminar por el sendero no fácil de las marcas. Esto del Atletismo no da pie a las especulaciones, las marcas no mienten y cada atleta es lo que el cronómetro o la huincha marcan luego de realizada la prueba. En esta disciplina se es lo que se entrena y punto.

Ahora se compite por regiones, antes se hacía por las asociaciones de cada ciudad. En esta oportunidad, cada región mostró el potencial que trabaja día a día para dar vida competitiva a una especialidad que, paradójicamente, se ha estancado ahora que hay más recursos.

Cualquier comparación puede resultar odiosa, pero una mirada al pasado reciente de la especialidad atlética puede ayudar a las nuevas generaciones a buscar en el entrenamiento el camino que les acerque a las marcas de muchas figuras que desfilaron, primero por la pista de ceniza y con zapatillas con un solo tipo de clavos y luego por la pista de rekortán sacando pasaje para muchas de las capitales, por lo menos sudamericanas, obteniendo logros deportivos para el país.

Ahora los implementos de marcas deportivas, tanto zapatillas como vestuario, son lucidos por cada uno de los atletas. Desgraciadamente, no son prenda segura del éxito deportivo. La impresión es que hay mucho de luces de neón, pero poco de lo interno. Poco de esas voluntades a prueba de todo.

Las Asociación Atlética Lota-Schwager y la Asociación Atlética Concepción disputaban punto a punto los torneos pasados. Estados potencias atléticas sumaron, en más de una oportunidad, la no despreciable cantidad de diez seleccionados chilenos en la categoría adulta obteniendo medallas en el extranjero.

Para mantener el statu-quo, uno debiera quedarse sólo con lo visto en el reciente campeonato, felicitar a los ganadores y lo que es más fácil, quedarse callado. Eso es muy simple, pero afortunadamente no va conmigo.

Quizás no hemos sido capaces de dar a conocer a las nuevas generaciones los brillantes logros de atletas que pisaron fuerte en esta pista, en la capital y en el extranjero. Hubo un momento en que el medio fondo y el fondo eran dominados por atletas de la zona. Para qué decir de la velocidad y de las damas de los 400, los 800 y los 12500 metros.. Seguramente a los saltadores actuales no se les ha dado a conocer la trayectoria -entre otros- de Francisco Pichott, hoy flamante presidente de la Asociación Regional. En muchos torneos sudamericanos en los cuales participó fue segundo. Claro, el ganador era Joao Carlos de Oliveira, poseedor de la maximarca mundial del salto triple. El velocista Enrique Tapia, con una marca en los 100 mts. que no tenía nada que envidiar a los capitalinos. Graciela Mardones y Carolina Ojeda pasearon por el medio fondo femenino, no sólo en Chile. ¿Qué será de Juan Lefimil, baluarte de los 10.000 mts. y de Juan Jofré, gran fondista lotino? ¿Qué será de muchos más, verdaderos atletas de las grandes marcas? 

La mayoría de los destacados de esa época entendía que la primera camiseta dorada y silenciosa es el sudor, fraguado en tardes lluviosas, dando frutos en torneos primaverales. 

Entre las marcas y la tarde que anunciaba nubarrones recordamos al gran ausente de estas lides, el profesor Miguel Soto Moreno.

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