El debate hace bien, claro con altura de miras y pensando en el bien común. Nos enfrenta con el lado opuesto que tienen todos los temas. Esto del Centro del Alto Rendimiento ha producido lo que pocas veces se ve, una polémica -aunque tibia- constructiva y muy alentadora. Y hace bien, las discusiones con fundamentos claros y precisos siempre dejan algo positivo además de poner en el tapete temas de interés ciudadano como en este caso sucede con algo relacionado con el deporte.

Ofrecimientos de terrenos vienen y van desde diferentes partes, Santa Juana, Concepción, Chillán, Hualqui, etc.; no es para menos, cualquier ciudad se beneficia con una instalación de esa envergadura. Autoridades de la ciudad y autoridades del deporte, al parecer, han decidido enfrentar el tema en conjunto y ya muchos ediles hacen sus ofertas y contraofertas; enfrentan el tema y, seguramente, la solución será la que se espera para esta región. Alguien está pronto a decir, CAR habemus. 

Sin embargo, una cosa pendiente, tema polémico y controvertido, dice relación con la cantidad y calidad de nuestros deportistas. En este punto las opiniones son dispares y los resultados aún más. En la región no tenemos, por el momento, deportistas que científicamente nos aseguren una pronta cohabitación con las alturas de los mejores en el concierto internacional. Esta es una verdad irrefutable y necesaria para poner en marcha, primero, el todavía ausente plan de desarrollo a nivel de formación deportiva conducido por verdaderos metodólogos del deporte y no con prácticos que han obtenidos sus diplomas en cursos “marmicock” porque los inicios son los más importantes y es ahí donde se crean las bases para el verdadero rendimiento deportivo; y segundo, poder seleccionar los talentos de verdad y poner al servicio de ellos un colectivo de trabajo para su desarrollo en la especialidad deportiva escogida. Es necesario aclarar que en los altos niveles deportivos es un colectivo técnico el que se hace responsable del talento deportivo; ya no es sólo el entrenador el que las hace de “maestro chasquilla” y aunque al final la decisión la toma el técnico, ésta se hace apoyada por los especialistas que rodean las esferas del entrenamiento. Por otro lado, no podemos eludir el cuestionamiento hacia nuestra capacidad como técnicos. Al catalogarnos de tales entramos en las reglas del juego e igualmente se nos debe evaluar constantemente, ya sea por resultados, seminarios o estudios avanzados, trabajos desarrollados, experiencias, equivocaciones, etc.

Si se quiere investir a esta región con el llamado centro es inevitable pensar en el factor humano que tendrá la interesante misión de iniciar el despegue del deporte a nivel competitivo.

Un par de preguntas se me atraviesan, diligentes, perspicaces, ¿esto de contar con un CAR obedece a la coherencia de un plan trazado o es la coronación del trabajo que se realiza en alguna escuela de iniciación deportiva en la región?.

Ahora que la idea del CAR avanza a pasos agigantados bien vale revisar cuestiones fundamentales como: qué se está haciendo con nuestros deportistas?, o, para qué estamos haciendo lo que se supone estamos haciendo? Teniendo eso claro, bienvenido un CAR y todo lo que involucra.

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