

La enorme expansión del deporte competitivo en este siglo, que bruscamente lo ha hecho descender desde la edad adulta a la evolutiva, ha valorado la importancia de la selección deportiva y obligado a la búsqueda de la edad más idónea. El abanico es amplio y va desde los conservadores (generalmente los investigadores con poca experiencia práctica) hasta los osados (generalmente los entrenadores más ambiciosos, especialmente los que tienen un desmedido deseo de triunfo). Así, los primeros usualmente la enfocan hacia el inicio de la postpubertad (13-15 años), y los segundos descienden a la prepubertad (10-11 años), e inclusive menos, como es el caso de gimnasia y natación.
Según informaciones, muchas de ellas basadas en investigaciones dediversos países, los elementos de juicio para la selección deportiva están constituidos por los siguientes factores: Genéticos- Antropométricos- Fisiológicos-Sicológicos.
¿Cuál es el orden a seguir con los elementos de juicio al momento de la selección deportiva? En primer lugar, se tendrá en cuenta las características genéticas y antropométricas. A continuación, las fisiológicas y, finalmente, las psicológicas, que requieren las distintas especialidades deportivas. Esto es: Primero: Se conocerá si el futuro deportista tiene la carrocería (anatomía) que demanda la práctica deportiva, es decir, el biotipo. Segundo: Se conocerá si esa carrocería tiene el motor capaz de impulsar, es decir, las cualidades fisiológicas. Tercero: Se conocerá si esa carrocería y motor tienen el mando o gobierno nervioso para conducirlas, es decir, el cerebro adecuado. Cuarto: Lo ideal es… carrocería adecuada + motor adecuado + mando adecuado.
¿Qué es lo adecuado? Lo que puede ser adecuado para una especialidad puede no serlo para otras. Para llegar a lo adecuado, es necesario el análisis previo de las características antropométricas y de las cualidades fisiológicas y sicológicas que requiere cada especialidad deportiva, análisis que debe hacer cada entrenador. A continuación, se exponen algunos ejemplos para comprender lo anterior: De nada valdría seleccionar una chica para el salto de altura cuya estatura final se estima en 1,80 metros si no tiene un predominio de fibras musculares blancas (se puede determinar a grosso modo con el salto vertical); tiene la carrocería pero no el motor. A nada conduciría seleccionar un chico cuyo peso final se estima en 90 kilos para las carreras de fondo a pesar de tener un predominio de fibras musculares rojas; tiene el motor pero no la carrocería; demasiada masa a mover que requiere un excesivo consumo de oxígeno y de calorías por kilo de peso corporal. Poco útil sería seleccionar un rematador en voleibol que tiene un predominio de fibras musculares blancas (un salto vertical de 85 cm.) si su estatura final se estima en 1,60 metros; tiene el motor pero no la carrocería. ¿Qué sentido tiene seleccionar para mediocampista en fútbol un chico con gran dominio del balón y del juego si sus fibras musculares rojas sólo alcanzan el 25% del total? Tiene la carrocería y la actitud sicológica, pero no el motor. Así podríamos continuar.
La pregunta del millón de “palos verdes”… ¿Cómo están nuestros deportistas en cuanto a la carrocería, el motor, y el mando?