Johnny Weissmuller, el primer gran Tarzán del cine, no era estadounidense: Jonas Weissmuller nació en Freidorf —Rumanía, en la actualidad— el 2 de junio de 1904. En 1908 sus padres, Peter y Erzebert, se mudaron a Chicago. Peter administraba una cervecería, pero nació William, su segundo hijo, y tuvo que buscar un empleo mejor remunerado. Lo encontró en una mina de carbón.

    El nadador que entre París 1924 y Ámsterdam 1928 conquistó cinco medallas de oro no fue un niño sano: sufría de poliomielitis, de frecuentes resfriados, no comía, en cambio tenía debilidad por el chocolate.

    Johnny abandona los estudios y se emplea como botones en el hotel Plaza. Al mismo tiempo entrena arduamente porque anhela competir en los Juegos Olímpicos de París 1924. A los dieciséis años —6 de agosto, 1921— hace su debut y gana su primera carrera: 50 yardas estilo libre.

    Un mes después de cumplir los dieciocho impacta en el mundo de la natación: no sólo rompe la marca mundial del hawaiano Duke Kahanamoku, sino que se convierte en el primero en nadar 100 metros en menos de un minuto: 58,6 segundos. Y aún más: el 17 de febrero de 1924 baja esa marca a 57,4.

    Su convocatoria en el equipo olímpico es obligada. Y aquel niño poliomielítico del ayer es, hoy, un hombre formidable de 1,90 metros, 95 kilos y una de las grandes figuras en París. Weissmuller defiende su corona de los cien metros libres. La marca mundial es suya y nadie lo ha vencido. Parece que el húngaro István Barany dará la sorpresa porque, al dar una fuerte brazada, Weissmuller no gira el cuello a tiempo y una gran bocanada de agua casi le hace perder el sentido. En la desesperada recuperación pierde casi dos metros ¡en una prueba de cien! Por fin recobra el ritmo y acelera para vencer a Barany con una marca de 58.6 segundos, que bate su propio récord olímpico.

    El físico impresionante y su tipo de hombre tan varonil llevan a Weissmuller a otra actividad muy ajena a la natación: es modelo y representante de BVD, marca de ropa interior que le paga quinientos dólares semanales. Viaja por todo el país, distribuye folletos, ofrece espectáculos de natación, firma autógrafos. Y así, sin querer, ya está en Hollywood. Interviene en el corto Campeones de cristal y después en la película Glorificando a la chica americana, ambientada en la jungla. Interpreta a un Adonis vestido sólo con una hoja de parra.

    Finales de 1931: Weissmuller se casa con la cantante Bobby Arnst. Mientras tanto, el escritor Ciryl Hume trabaja en la adaptación al cine de Tarzán de los monos —una aristocrática familia inglesa es abandonada en África y al morir deja huérfano a su pequeño bebé.

    Lo adopta una manada de gorilas y el pequeño se convierte en el rey de la selva— escritas por Edgar Rice Burroughs. Luis B. Mayer, productor de la MGM, quiere hacer la primera película sonora de Tarzán. Pero tiene un grave problema: ¿quién será Tarzán? Pensó en Herman Brix, otro medallista olímpico, pero este quedó descartado al sufrir una lesión mientras filmaba Touchdown. Entonces ¿quién? Lo decide el azar: en una de sus giras, Weismuller nada en la piscina del hotel en el que se hospeda; se acercan los Juegos Olímpicos y quiere estar en forma. Don Destino lo une a Hume, quien se aloja en el mismo hotel. Hume lo ve nadar, lo ve emerger de la piscina y queda impresionado: ¡aquí está Tarzán! Se lo comenta a Mayer, quien acude al hotel, se entrevista con Weissmuller y lo contrata de inmediato como «el único hombre que es natural y puede actuar sin ropas».

Fuente: Olímpicos – Ramón Márquez

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