El deporte: ¿Trabajo o juego?

    Una cuestión que se plantean con frecuencia los estudiosos del deporte es la determinación del carácter más o menos laboral o lúdico del deporte.

    Es evidente que en algunos casos las actividades deportivas se desarrollan tranquila y relajadamente, mientras que en otros se abordan con una seriedad y un profesionalismo que trascienden el aspecto de distracción potencial. Esta variabilidad trabajo-juego que caracteriza al deporte se refleja en las definiciones del término propuestas por los sociólogos.

    Para algunos estudiosos el deporte no es más que un tipo de juego. Huizinga (1950) considera el deporte como una forma lúdica, aunque admite que desde el último cuarto del siglo XIX los juegos en forma de deporte se han tomado cada vez más en serio. Caillois (1969) tiende a equiparar deporte, juego y juegos. Incluso la definición, hecha por Loy (1969) del deporte como “competición divertida” sugiere que las actividades deportivas entran en la rúbrica general de “juego”.

    En el polo opuesto, algunos autores han preferido hacer hincapié en las dimensiones importantes del deporte. Harry Edwards (1973) afirma que los deportes no ofrecen nada en común con el juego, e insiste en las características laborales del comportamiento deportivo: siempre implica esfuerzo físico, una estructura y una organización formal, una fidelidad a la tradición, un elevado grado de seriedad, una cuidadosa preparación, y la designación, definición y delegación explícita de todas sus funciones y posiciones. Lejos de ser juego, creación, diversión o simple distracción, los deportes revisten un carácter ocupacional por parte de los participantes, y de negocio para los entrenadores, administradores y propietarios de equipos y jugadores.

 

   

  

   

 

 

 

 

 

 

 

 

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