

Sus orígenes están relacionados con las primitivas actividades del hombre que ayudado de un palo largo utilizada para saltar pequeños arroyos o cursos de agua y también para superar algunos obstáculos.
Las primeras manifestaciones de esta compleja especialidad atlética se remontan al Siglo XIX AC formando parte de los programas de competencia de los antiguos Tailin Games o Juegos de Taliti de la cultura irlandesa. El salto con pértiga o garrocha no fue una prueba atlética que se disputará de los Juegos Olímpicos de la Era Antigua.
El salto con pértiga se practicó como una actividad gimnástica fomentada por Guts Muths en Alemania a comienzos del Siglo XIX de la Era Moderna. Al mismo tiempo, esta habilidad atlética se practicó en los países británicos, no para superar alturas, sino, como un implemento de salto longitud necesario para franquear acequias y canales en zonas pantanosas.
La introducción del salto con pértiga como prueba atlética de competencia en altura correspondió a miembros del Cricket Club de Lancashire de Inglaterra, quienes a mediados del S XIX de nuestra Era, utilizaban unas pértigas largas, rígidas y pesadas de fresno, abeto, nogal o pino que clavaban en el piso antes de una varilla de listón colocado a una cierta altura que intentaban superar.
Uno de los saltadores ingleses más destacado fue Tom Ray que el año 1888 consiguió un registro de 3,57 metros, marca que, tres años más tarde, fue superada por un centímetro por su compatriota Richard Dickinson. Las tradiciones deportivas inglesas encontraron gran acogida en los norteamericanos, quienes experimentaron saltar haciendo uso de pértigas de bambú que eran más livianas y menos rígidas.
El primer campeón olímpicos de la Era Moderna fue el joven estadounidense William Hoyt, quien logró el primer lugar en los I JJ.OO. de Atenas 1896, con una altura de 3,30 metros. Hay que tener presente que en esos años de fines de S XIX y primera mitad del siglo siguiente, los saltadores de garrocha, al igual de los especialistas de salto alto, debían aterrizar sobre superficies de arena removida, por lo tanto, la caída era de pie, pudiendo a continuación, en algunos casos, rodar sobre el suelo.
Esta especialidad es probablemente una de la que más evolucionado desde su origen hasta el momento actual, al pasar de del salto haciendo uso de garrochas de comportamiento rígido desde la fase de rechazo hasta llegar a la posición vertical con respecto al punto de apoyo en el suelo, hoy en el “cajetín” o cajón de clavada; las pértigas rígidas primero fueron de madera de pino, abeto o fresno, después de bambú, más de delante de acero y de aluminio, garantizando con ello un implemento más liviano y seguro.
La gran explosión del rendimiento ocurrió con el uso de garrochas de comportamiento flexible, primero de fibra de vidrio y después de carbono y grafito que, gracias a su efecto de catapulta, permitieron que el saltador prácticamente pudiera ser lanzado hacia lo alto al encontrarse camino a una posición de inversión con respecto al suelo. La aplicación de nuevas técnicas de salto, el potenciamiento físico de los especialistas en esta prueba y las habilidades acrobáticas de los ejecutantes, sumadas a la calidad y longitud de las correderas de impulso, hoy de material sintético, y normas de seguridad incorporadas al ampliar la zona de caída o aterrizaje del saltador con grandes colchonetones de espuma, han permitido que en poco más de un siglo de haya duplicado en rendimiento en esta compleja especialidad, desde los alrededor de 3 metros registrados hacia fines de S XIX a los más de 6 metros alcanzados por varios saltadores en el presente.
Hoy, el mejor rendimiento alcanzado por un atleta es de 6,23 metros, registro que pertenece el atleta sueco Armand “Mondo” Duplantis desde el 17 de septiembre de 2023 y, el de mujeres, prueba que recién fue incorporada oficialmente al programa de competencias atléticas el año 1996, está en poder de Yelena Isinbayeva de Rusia con una altura de 5,06 metros, registro establecido el 28 de agosto de 2009.
Referencias: – Le Floc´hmoan, J. (1965). “La génesis de los deportes”. Editorial Labor S.A. Barcelona. – Quercetani, R. (1992). “Historia del atletismo mundial 1860-1991”. Editorial Debate. Madrid.